Independientemente de su reconocimiento oficial, casi todas las minicentrales solicitadas en los últimos años afectan a espacios naturales de gran singularidad. A Fervenza ahora ya está integrada en la Red Natura y, además de existir un patrimonio etnográfico vinculado al agua, es un buen ejemplo de bosque de ribera, como amplias zonas del Miño a la altura de Lugo, si bien el año pasado fue talada una considerable extensión de carballeira.
Otro tanto ocurre en el caso del río Ferreira, que en el tramo afectado por la minicentral tiene una parte de prados de regadío y el resto son en total más de tres kilómetros de robles, castaños, alisos y otros árboles y vegetación autóctonos, en parte inaccesibles, formando un largo cañón desde Guntín hasta la desembocadura, aguas arriba de Portomarín. El embalse afectaría a un par de presas en servicio, a un molino, a un caneiro y llegaría hasta el puente medieval de A Cabalar, en un antiguo camino real y recientemente restaurado. En el tramo que se quedaría con el caudal ecológico también hay varias presas, molinos y una moa , que funcionó hasta hace pocos años.
En la costa, la de Mondoñedo es una solicitud reciente sobre la que la Xunta aún no se pronunció. En cuanto a la de Ourol, hace tiempo escandalizó a los ecologistas ya que la concesión fue otorgada al Ayuntamiento, que se la entregó por 600 euros a una empresa privada. Esto motivó peticiones de investigación por la actuación del Concello.
La Confederación Hidrográfica conserva las competencias en la cuenca del Miño porque afecta a varias comunidades y a dos países. Las de la costa, con ríos en su integridad gallegos, como el Ulla, están traspasadas a la Xunta a través de la Consellería de Medio Ambiente.