Un sueño truncado por el terror

Marcos Pichel

LUGO

«Tenemos un sentimiento de impotencia», dice el lucense Javier López tras suspenderse el Dakar en el que iba a competir

05 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

«Es lamentable que unos asesinos condicionen la vida de la gente. También tenemos ejemplos en España de estas amenazas». Esta es la primera reacción de Francisco Javier López, el piloto lucense que hoy iba a tomar la salida, en Lisboa, de la trigésima edición del Dakar, y que finalmente ha visto truncado su sueño. Ayer, a la una de la tarde, la organización del raid más famoso del mundo comunicó que suspendía la prueba tras reconocer que no podía garantizar la seguridad de los participantes a su paso por Mauritania. Las amenazas de los terroristas de Al Qaida, que se atribuyó el asesinato de cuatro ciudadanos franceses en el país africano en diciembre, han conseguido lo que nadie hasta ahora. «Ahora tenemos que recoger todo, y volvernos para casa con la moral por los suelos», comenta López, que había preparado durante todo un año lo que sería su estreno en competición en la mítica prueba. Meses de trabajo sin descanso, de ilusiones puestas en su BMW X5 transformado por Bowler, de un buen capital invertido que nadie podrá devolver... «Parece que nos darán el dinero de la inscripción; el resto de los gastos...», se lamenta el piloto lucense, cuyo único pensamiento, no obstante, se centra en la impotencia de la ilusión perdida, y que le obligará a esperar un año más para cumplir su sueño de llegar al lago Rosa. No niega López la existencia de tensión por lo que pudiera suceder en Mauritania: «Es cierto que había un cierto temor entre los pilotos, pero confiábamos en la seguridad de la organización. Además, la ilusión suplía el miedo». Listos para embarcar López, y su copiloto José Manuel Villar, ya tenían todo preparado para cruzar el estrecho. «Ya habíamos metido el equipo en los camiones, y habíamos dejado lo imprescindible para las etapas de la península», recuerda López, que al menos soñaba con que la organización permitiera tomar la salida en Lisboa. «Era una de las opciones que se habían barajado -apunta-, como escarmiento a una banda terrorista cuyo objetivo es que cambiemos nuestro planes. Al menos se podían haber disputado las etapas de Portugal, las de España y las de Marruecos». Javier es consciente en todo momento de que sus vidas corrían peligro «si nadie garantiza la seguridad». «Estamos desolados, después de todo el sacrificio que hemos hecho, dejando de participar en pruebas del campeonato de España, y todo para poner a punto el coche. Lo hemos testado el límite, para saber adonde podíamos llegar...», se queja con amargura. Eso sí, el sueño interrumpido este año por el terror fundamentalista, no le arredra: «Hay que pensar ya en el año que viene».