Una vara contra la sequía

LUGO

Antonio Cuba, vecino de Santaballa, conserva a sus 88 años el poder de descubrir pozos de agua, que lo llevó por toda España

08 nov 2007 . Actualizado a las 11:19 h.

Cuando Antonio Cuba Alonso pasea por los alrededores de su casa -situada en Santaballa, al lado de la carretera LU-861-, camina sobre una corriente subterránea de agua. A tal conclusión se llega después de que él haga una comprobación de que bajo el prado contiguo a su vivienda hay ese líquido que tanto escasea en este otoño.

Cuba Alonso aprendió la habilidad de zahorí siendo un niño. Recuerda que en Lousada -su parroquia natal, perteneciente al vecino ayuntamiento de Xermade- había vecinos mayores que él dotados de la capacidad de encontrar agua bajo tierra. Fijándose en ellos aprendió qué claves eran necesarias para ello, unas claves que ayer demostró al periodista.

Hace falta una vara, que debe ser «de salgueiro, de vimbio ou de calquera árbore de froita de óso». La rama debe de tomarse en las manos con sus ramas hacia abajo; se comienza a caminar despacio, y el momento en que las ramas invierten su posición significa que se está sobre un lugar que esconde un pozo subterráneo. «Non sei qué cousa pode ser iso, pero é así», dice.

Sin ánimo de lucro

Los trabajos que hacía en sus años mozos eran para vecinos, sin ánimo de lucro. Sin embargo, llegó a prestar sus servicios a un buscador de Xestoso (A Coruña) que usaba máquinas y que lo reclamó tras recorrer una finca de Mourence sin encontrar restos de agua. Llegó Antonio Cuba, y enseguida les dijo dónde debían excavar: «Apareceu un manantial bárbaro», dice.

Ese fue el comienzo de una relación con la que se desplazó a Pontevedra y a Extremadura. Llegó a ganar unas 1.000 pesetas diarias, además de la comida. También fue a Collado Villalba, solicitado por un vecino que se había trasladado a esa localidad de la sierra madrileña.

Antonio Cuba conoció los tiempos en que los pozos se excavaban con pico y pala y el agua se sacaba con cubos. Ahora se usa electricidad para que funcionen los pozos de barrena y el esfuerzo físico es menor. Su capacidad, en cambio, es la misma de antaño: «Hoxe tamén me buscan», dice. Un vecino lo llamó recientemente para encontrar agua en una finca. ¿El resultado? «Apareceu o pozo, como non», explica.

Hablando de sus habilidades, que describe con una sencillez ajena a cualquier vanidad, Cuba condensa dónde está el secreto: «Onde dá auga a vara, é seguro que a hai. Nuns sitios hai máis; noutros, menos. A vara non engana», explica.

Sin embargo, alguna habilidad parece necesitarse para saber en qué punto exacto se puede excavar: «Hai que ter moita paciencia», afirma. A él no parece haberle faltado, ya que dos pozos situados en la finca que rodea su casa aparecieron gracias a su talento. Uno de ellos, de reservas más abundantes que el otro, todavía se usa en la actualidad, aunque provisto de corriente eléctrica. Antonio Cuba no ha hecho de este conocimiento su profesión, aunque sí admite que tiene sus ventajas: «O que sabe isto non ten que depender de ninguén», dice.