Peculiares formas de ver la vida en Navia

Patricia Castellano

LUGO

José Fernández, de 74 años, vive como le gusta: de forma autosuficiente y sólo

19 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Los verdaderos artesanos son aquellos que trabajan a conciencia, sabiendo que en la soledad de sus quehaceres llevan a cabo una labor única. José Fernández Álvarez tiene 74 años y vive en Murias do Camín, una alejada aldea situada en Navia de Suarna.

Aunque reside sólo en una localidad cuyo número de habitantes apenas supera la media docena, sus quehaceres cotidianos le ocupan todo el día «trátase simplemente dunha forma diferente de vela vida», nos dice mientras se acomoda en lo que antiguamente fue un carromato de madera.

Dotado de una gran memoria, que le permite recordar hasta el más mínimo detalle de sus experiencias, y caracterizado por una forma de vida austera y tradicional, José Fernández apenas baja a Navia para abastecerse de productos. Todo cuanto necesita está elaborado con sus propias manos. En su casa, que ya fuera propiedad de su madre, todavía se sigue empleando la lareira tradicional gallega. Ni rastro de cocina moderna, horno o chimenea. Simplemente una gramalleira donde colgar o pote , y leña como única fuente de energía. «Ata o ano 1986 ou 1988 non veu a luz eléctrica, eu acostumeime a facelo deste xeito e así continúo. Non vou cambiar agora de vello» indica con media sonrisa asomando en de por sí finos labios. A los ojos de este hombre todas sus tareas son de lo más habitual, sin embargo, en su casa existen algunas deficiencias importantes: como la ausencia de una salida de humo en la habitación donde está ubicada la lareira.

Aguardiente artesano

En la actualidad, la elaboración casera del aguardiente ha quedado relegada al ámbito más familiar de las casas gallegas. Este es el caso de Muras do Camín, donde los vecinos aseguran que el aguardiente que realiza José Fernández en su casa tiene un sabor único. Y no deben de estar muy desencaminados porque está elaborado íntegramente por él. «Suelo mercar máis de quinientos kilos de uvas, teño na casa unha máquina para facelo artesanalmente».

Sin mediar más palabra se da la vuelta disponiéndose a montar la máquina donde realiza el licor. A pesar de que no lo realiza in situ, el simple echo de verlo ejecutar su tarea deja gravada en la mente la imagen del aguardiente fluyendo gota a gota, sin prisa, por la larga vara de acero.

«Unha vez instalada a cabeza énchese de auga fría, que ao chegar ao tope vai saíndo por un dos tubos, á vez que polo outro comeza a caer lentamente o aguardente, grazas a auga fría que se botou con anterioridade. Agora é moi sinxelo de facer, porque cando non tiñamos auga corrente tíñamos que ir buscala ós regatos, esperábamos ata que se quentaba, e logo a cambiábamos. Desta forma daba moitísimo máis traballo», explica José Fernández.

A pesar de que lleva toda su vida elaborando aguardiente artesanal afirma que «non acostumo a tomalo, a maior parte das veces o regalo ós veciños e amigos. A min non me sentan ben estas bebidas tan fortes».

Tampoco muestra interés por comercializarlo, para él se trata de una más de sus tareas habitual que le proporciona mucho entretenimiento y bienestar.

Aunque es estilo de vida de este naviego puede resultar extraño a los ojos de muchos vecinos, lo cierto es que cada vez son más las personas que deciden escapar del ambiente estresante de las grandes ciudades, y se trasladan a las zonas más rurales. Vivir de forma autosuficiente, aprovechando las posibilidades que la naturaleza pone a nuestro alcance, no parece ya una idea tan descabellada. A día de hoy, no todo el que reside de forma solitaria en las montañas lo hace por obligación, o es un ermitaño. José Fernández es la mejor muestra de ello.