Es muy duro grabar los estragos que una enfermedad degenerativa causa en un amigo íntimo, pero este cauce, el de la complicidad de la amistad, es también el único que lo hace posible. O al menos eso es lo que explica Antoni Canet, el director de la película que inaugura esta tarde la Semana Internacional de Cine de Autor, Las alas de la vida . Se trata de un documental en el que se refleja cómo afronta la vida, y también la muerte, Carlos Cristos, un hombre de 51 años, que sufre desde hace cuatro una enfermedad neurodegenerativa e invalidante para la que no hay cura ni paliativo alguno. «Ha sido muy duro, pero estoy seguro de que Carlos -el protagonista- no hubiera aceptado si no fuésemos amigos íntimos desde hace más de veinte años», explicaba ayer por teléfono el director del filme, Antoni Canet, camino de Murcia para presentar el documental en un festival de cine europeo. Hoy estará aquí y mañana en Cádiz. «Vamos a participar también en México, en Toulouse... Estamos encantados, la palabra documental suele dar bastante miedo, pero estamos teniendo muy buena acogida», decía el director, mientras hablaba de las jornadas maratonianas de exhibición. Esta tarde, a las ocho, en el Auditorio de la capital estarán junto a él la madre del protagonista, también partícipe en el rodaje, Olvido, así como la cantante Pilocha. «Espero que ella también esté, aunque he intentado hablar con ella esta tarde varias veces y no he podido», explicaba. Cada presentación es una nueva prueba por superar, pero Galicia es algo más. El protagonista de Las alas de la vida , Carlos Castros, es gallego, de Vigo, y Galicia es uno de los escenarios del documental, rodado a lo largo de tres años. «Hemos recorrido la desembocadura del Miño y otros parajes gallegos donde Carlos hacía montañismo y ala delta», relata Canet. Cristos, además de estas dos aficiones, también era patrón de vela, piloto de vuelo libre y, de profesión, médico. Todas estas circunstancias podrían hacer pensar que la hora y media de metraje es un drama en el que no hay tiempo para soltar el pañuelo, pero según la propia sinopsis del filme, esta es una percepción equivocada: «Carlos quiso que le acompañaran en el último tramo del camino mirando a la muerte a la cara, con serenidad y, si es posible, con una sonrisa». Este texto de la sinopsis, es corroborado de inmediato por Canet, quien comenta que «lo único que quiere reflejar es cómo ser feliz. Carlos tiene una fortaleza y una integridad increíbles». Estas cualidades son las que le animaron a participar en uno de los estrenos de la película: el de Vigo. «Sólo se atrevió a este, no ha querido participar en ninguno más», comenta Canet, antes de añadir que ahora mismo, Cristos no sale de su habitación, casi no entiende cuando le hablan y que, del médico y deportista que fue, ahora sólo queda el recuerdo de la película: Las alas de la vida . La proyección será a las ocho y media de la tarde, en el Auditorio Gustavo Freire. La entrada es gratuita, pero se necesita invitación, que puede recogerse en la caseta instalada en la plaza Maior.