Internos de la cárcel de Monterroso harán terapia con varios perros

LUGO

Los expertos aseguran que los animales ayudarán a prevenir y tratar algunas patologías

26 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Internos del centro penitenciario de Monterroso participarán en programas terapéuticos con perros. La iniciativa, novedosa en las prisiones gallegas, será puesta en marcha en los próximos meses en colaboración con la Fundación Afinnity, especializada en el trabajo con animales.

En un principio está previsto que la prisión reciba en adopción una pareja de perros que serán los que se utilicen en esta experiencia que funciona con éxito en residencias de la tercera edad u otro tipo de centros. Las previsiones iniciales apuntan a que serán internos que presentan grandes carencias afectivas quienes se encarguen de los canes.

Son candidatos especiales aquellos reclusos que no tienen familia o si la tienen carecen de algún contacto con ella. El objetivo es vincularlos directamente con los animales a los que tendrán que cuidar diariamente, desde darles de comer hasta limpiarlos y sacarlos a pasear. Según las previsiones iniciales dos de los participantes participarán por la mañana y otros dos lo harán por la tarde.

Fuentes del centro penitenciario indicaron, basándose en numerosos estudios que manejan, que los animales provocan en el ser humano muchas reacciones y la mayoría de ellas positivas. «De todos es conocido el efecto que una mascota puede hacer en una persona y sus allegados. Los especialistas, sin embargo, les encontraron un poder especial a muchos animales que permiten la rehabilitación de muchas personas, logrando resultados que por otros medios médicos no se habían obtenido», explicaron.

La zooterapia es una técnica que involucra a los animales en el diagnóstico, prevención y tratamiento de patologías humanas, tanto físicas como psicológicas, así como en el aprendizaje y adaptación de niños con capacidades diferentes.

«Es habitual que los animales logren romper un tipo de esquema fijo de comportamiento, muy cerrado, que impide la comunicación y recluye a la persona en su propio mundo. En el caso de la prisión es posible que los perros logre despertar el interés de algunos internos y poder recuperar otras conductas que perdieron posiblemente por la falta de afecto y comunicación», expresaron en la penitenciaría.