Justicia

JOSÉ RAMÓN ÓNEGA

LUGO

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12 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

LUGO, es justo reconocerlo, tiene un alto nivel cultural y científico. Ahora mismo se celebra en el Colegio de Abogados un curso de verano sobre «Xustiza, proceso e democracia». En otro momento esto hubiese sido normal, pero en este tiempo de revisiones y conflictos, es meritorio y arriesgado. La Justicia vive extremos que rozan la injusticia, que atemperan la preocupación del ciudadano, que asoman el clamor de asignatura pendiente de la Democracia. Un gran maestro del Derecho, Azcárate, vino a decir que un pueblo puede vivir con leyes injustas, pero es imposible que viva con tribunales que no administren bien y pronto la justicia. Nadie duda de que la mayoría de los jueces son hombres justos, pero hay conformidad en su lentitud, en la tardanza en resolver, en que la demora produce entuertos. Ahora sopla el viento de la politización. Es una realidad difícil de asimilar. Cuando los miembros de altos órganos judiciales son designados por los partidos políticos, se corre el riesgo de entrar en el juego partidista. Cuando a la Fiscalía del Estado se la combate sospechando politización en su decurso profesional, se están introduciendo palos en las ruedas. Cuando jueces como el Marbella, presuntamente implicado en la corrupción de Roca, la Pantoja y Muñoz, hay que decir que eso no es lo normal, que la mayoría de los jueces y fiscales hacen honorablemente su trabajo y que labor es esfuerzo de dioses.