En directo | La noche de los ultras Aficionados del equipo blanco zarandearon coches en la plaza do Rei, hasta dejarlos sobre dos ruedas y saltaron las vallas de protección que el Concello colocó a las fuentes
18 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.?as vallas que colocaron en A Fonte do Rei y en la de Los Leones para evitar que los aficionados del Madrid celebraran la victoria de su equipo sirvieron de poco. Algunos consiguieron saltarlas, sin demasiadas dificultades para tratar de bañarse en una fuente apagada, bajo los efectos de una mezcla explosiva compuesta de euforia y alcohol, en algunos casos a partes iguales. La alegría por la victoria del equipo blanco fue más allá del riesgo que supone trepar por la valla metálica. Los aficionados tomaron la plaza do Rei antes de que la Policía Local pudiera cortar el acceso y varios automovilistas fueron zarandeados por grupos de varias decenas de jóvenes, muchos de ellos rozando la mayoría de edad. Los empujones de los vándalos, situados a ambos lados de los vehículos y por delante, hicieron que en algún caso los coches se quedaran apoyados sobre dos ruedas, en medio de las risotadas de los radicales del deporte y ante la presencia de la Policía Nacional, que no llegó a actuar. Las víctimas de estos comportamientos fueron tanto automovilistas que acudían a participar de la celebración masiva, portando banderas del equipo ganador, como otros ajenos a ella. La agresividad de estos aficionados pudo haber supuesto más de un incidente si la reacción de los automovilistas hubiera sido la de acelerar, llevándose por delante a más de uno. Algo que pudo haberse producido, dada la violencia del ataque. Este tipo de comportamientos de zarandear coches y de propinarles golpes en las inmediaciones de la Fonte do Rei se repitió hasta que la Policía Local reguló el tráfico para evitar que llegaran hasta la glorieta. Comportamientos similares al de la plaza do Rei se vivieron en las otras dos fuentes, que también fueron valladas para evitar que causaran daños a sus estructuras. En la de la plaza de Avilés no sólo traspasaron la protección del conjunto, sino que también le colocaron una bufanda a la estatua, con lo que quien lo hizo tuvo que trepar por los leones. Parte de la noche se sucedieron los atascos provocados por caravanas de coches que recorrieron parte de la ciudad. Hicieron sonar de forma incesante sus cláxones, perturbando el silencio nocturno hasta prácticamente el amanecer, a lo que hay que añadir el ruidos de las numerosas bombas de palenque.