A Tolda presumió de fuentes

Adolfo de Abel Vilela LUGO

LUGO

ABEL VILELA

Memoria de Lugo | El suministro de agua en la ciudad Los caños del Pilar y de Augas Férreas tuvieron su nacimiento a mediados del siglo XIX gracias a las iniciativas del Ayuntamiento y de la Diputación

09 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Hasta que se utilizó para la variante de la carretera N-VI a finales de la década de los setenta del siglo pasado, el paseo de A Tolda fue un lugar de esparcimiento de los lucenses desde su creación como camino vecinal. En 1850 se expropia un parterre o jardín a José María Padilla del Águila, que fuera secretario del obispo fray Hipólito Sánchez Rangel (1825-1839), situado a la altura del balneario. En este momento se debía de estar trabajando en la nueva vía ya que en la sesión del 27 de noviembre de 1852 se dio cuenta de una instancia de los vecinos del Barrio de San Roque en la que exponían los perjuicios que se les iba a causar con motivo de ponerse expedita la vía de primer orden proyectada del Puente a la Tolda de Castilla. Se acordó que pasase a la comisión que entendía en la de los vecinos de Fingoi, que se volvieron a quejar al Ayuntamiento en el año 1853 porque «el contratista del camino vecinal que sigue del Puente a la Tolda, obstruye con la nueva obra otro camino público que sirve de paso a dicho lugar». El 26 de febrero de 1853, se acordó que con cargo a la partida de gastos imprevistos, que se pagasen 634 reales y 26 maravedíes a José María Padilla del Águila, secretario del obispado, mandados abonar por el gobernador civil «por el terreno de que fue expropiado en el año de mil ochocientos cincuenta para construir el camino que arranca del volteador de la carretera de Santiago, frente a la Casa de Baños». Proyecto Esta obra fue proyectada por el ingeniero provincial, Marcelo Sánchez Movellán, que diseñó las fuentes de la España de la Praza Maior y del Obelisco de Santo Domingo. Con motivo de su traslado a Burgos, el Ayuntamiento pidió a la Reina que no lo hiciese, porque entre las obras que había proyectado y estaba dirigiendo, además de la de las fuentes, «está construyendo casi a las puertas de esta ciudad, y a las márgenes del Miño, un camino vecinal de primer orden. Esta obra que se verifica por contrata reclama también la presencia del señor Movellán, a quien el Ayuntamiento reconoce como ingeniero hábil e inteligente; ha tenido además muchas ocasiones de observar su celo a toda prueba en vigilar a los contratistas de obras, e impedir que estos se liberasen a costa de la lealtad con que deben cumplir sus compromisos».