Un buen desayuno y carrerilla

Benigno Lázare LUGO

LUGO

FOTOS: PRADERO

En directo | Visita de la ministra de Sanidad Elena Salgado desayunó con los alumnos del colegio Rosalía de Castro, caminó por la Muralla con los del Quiroga Ballesteros y se fue con la promesa de que le escribirán

30 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

Los Almorzos Saudables que organiza el Concello de Lugo en los colegios desde hace varios años pasaron ayer la prueba del algodón con la participación de la titular del Ministerio de Sanidad, Elena Salgado. Aunque apenas tenga competencias en Galicia, una ministra siempre es una ministra, y con ella llegaron dos conselleiras, las principales autoridades civiles y municipales de la ciudad y una docena de cámaras, videocámaras, micrófonos y grabadoras. En este ambiente, más de un centenar de alumnos de los cursos más bajos del colegio Rosalía de Castro esperaron ayer más de media hora en ayunas y sentados ante platos de cereales, yogures, botes de cacao, porciones de queso, zumos en brik, jarras de leche, fruta y otros alimentos variados. Cuando llegó la ministra, la excitación ya era proporcional al griterío. Tras los saludos e intervenciones de rigor, los niños se pusieron manos a la obra y el ruido se redujo en bastantes decibelios. La enfermera que participa en el programa de los Almorzos Saudables comenzó a explicar las consecuencias de desayunar bien y adecuadamente: todo ventajas. Aumentan los reflejos, se evita el cansancio en el recreo, mejora el humor, se consiguen buenas notas, proporciona fortaleza, felicidad y, sobre todo, buena salud. Con la ayuda de proyecciones y de un animador caracterizado de algo parecido a un pollo, la experta fue desgranando más ventajas y cómo alcanzarlas, hasta llegar a la cuadratura del círculo: acostarse temprano para levantarse temprano para desayunar con calma, sin ver la tele, para no llegar tarde a clase. Sin reparos ni malicia A continuación habló de nuevo la ministra Salgado, incidiendo especialmente en la importancia de una buena salud. Retó a los niños a que le hiciesen preguntas y las ametralladoras dispararon con fuego real: «¿tu tienes mucho dinero?», espetó Daniel. Ella, que dio abundantes muestras de manejarse perfectamente ante este tipo de parroquianos, explicó que de niña tenía la menguada paga de sus padres, pero como estudio mucho y sacó buenas notas, consiguió trabajo y cobrar regularmente a final de mes. Tras asegurar que el dinero no es lo más importante, devolvió la pregunta a la espera de que le contestasen que lo primero es la salud, pero la presión la media hora anterior hizo sus efectos y el más raudo no dudó en afirmar que lo fundamental es «desayunar saludablemente». El inocente descaro no se quedó en la cuestión monetaria y otra pregunta fue directamente a la diana de la edad. «¿Cuántos años tienes?». La respuesta no se demoró y entre los mayores hubo consenso: los lleva muy bien y no los aparenta. Elena Salgado tomó un desayuno tan saludable como frugal, lo mismo que la conselleira de Sanidade; la de Educación se fue antes de comenzar, el alcalde dio ejemplo y desayunó con más calma, y el subdelegado, los delegados de Sanidade y de Educación y las concejalas ya llegaron desayunados. Tras recoger los dibujos que le dedicaron los niños y pedirles que le manden otros y cartas a su correo electrónico, la ministra abandonó el Rosalía de Castro y fue a la plaza de Ferrol a reunirse con los del Quiroga Ballesteros, con los que también sintonizó desde el primer momento. La rodearon durante el paseo por la Muralla, hasta la Porta Nova, corrieron algo y en el trayecto López Orozco le presentó a dos mujeres habituales de la ruta del colesterol. La lluvia abrevió el recorrido por el adarve, pero no arruinó la presentación que le tenían preparada en el colegio. Los alumnos completaron en el patio cubierto las lecturas explicativas que deberían hacer a la altura de cada una de las puertas de la Muralla, con acompañamiento musical de otra joven. Antes de abandonar Lugo, Salgado quiso conocer el edificio por dentro y entró en un aula. Como no estaba prevista la visita, los profesores retrasaron el inicio del recreo para evitar la previsible tromba humana y el director disculpó las sillas apiladas en un pasillo porque acababan de ser sustituidas.