Los riesgos de A Gañidoira

La Voz M. G. B. | VIVEIRO

LUGO

Crónica | En ruta por la LU-540 Es un auténtico zig-zag de viejos y nuevos tramos de la vía en obras, y aunque ha mejorado en los últimos días, conducir por la carretera Viveiro-Cabreiros no es fácil

02 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

La Voz hizo ayer el recorrido de 41 kilómetros desde Viveiro hasta Cabreiros, a través de A Gañidoira, el vial en obras desde hace un año y que provoca desde hace dos semanas las quejas reiteradas de numerosos usuarios, incluidos los políticos, por el riesgo que supone para la seguridad vial por la escasa señalización de los diferentes tramos en ejecución. De entrada, una advertencia: las condiciones meteorológicas eran buenas, sin lluvia ni niebla; el día es de descanso para las constructoras y por tanto no había retenciones en la carretera ni otros obstáculos consecuencia de la actividad, y también el tráfico era poco y circulaba sin prisas. Las condiciones, por tanto, eran ideales para evaluar el estado de la LU-540. La Xunta salió al paso reconociendo tramos sin pintar y la incomodidades que generan en si las obras, pero la cámara constató que, si bien la situación mejoró con respecto a días pasados en cuando a estado del firme, circular por A Gañidoira en las actuales circunstancias no permite contemplaciones del paisaje ni despistes si se quieren evitar sorpresas inesperadas. Señales malas y escasas Los tramos peligrosos son menos pero la señalización de esos puntos de riesgo aunque la Xunta diga lo contrario sigue siendo mala y escasa, y la circulación se complica más por la noche o con niebla, por la mínima existencia de dispositivos luminosos o reflectantes que alerten al conductor de lo que se le viene encima. Sin camiones transportando tierra y entrando y saliendo a las zonas de tránsito abiertas el vial está limpio. Sin embargo, el talud de tierra sin protección es un riesgo, especialmente en el kilómetro 13, que invade directamente la vieja carretera, que se estrecha con tan solo una advertencia. Dos kilómetros más allá se atisba el gran puente que evitará la curva de O Sixto. El pilar de la estructura es un riesgo manifiesto. No hay señales específicas que alerten de la presencia del mismo a los conductores. Entre los kilómetros 17 y 18, hay señales verticales que anuncian voladuras y estrechamientos, sin embargo nada prepara al conductor para dilucidar en escasos segundos cuál es su carril: las señales horizontales son muchas y poco claras, e induce a cometer errores en la delimitación de los carriles. Líneas blancas y amarillas que desaparecen en muchos tramos y deja a ciegas a los pilotos en la circulación nocturna y en malas condiciones meteorológicas. Las bandas sonoras hacen su aparición en el kilómetro 21. Anuncian el acceso a otro tramo complicado, de nuevo con el pilar de un puente como principal obstáculo, y en el que se pueden ver baches, gravilla suelta, carretera sin pintar, firme irregular, estrechamiento de la calzada. Alertan de peligro indefinido durante un tramo de unos cuatro kilómetros, en los que el agua escurre por las paredes de piedra e inunda las cunetas. Un semáforo regula el tráfico, ayer en ámbar. El alto de A Gañidoira se pasa bien, ya se circula por lo que será el nuevo vial, aunque hay agua acumulada en la carretera en algunos pequeños tramos. Desde el puente del Eume hasta el kilómetro 37, el trazado nuevo está bien. La salida de Cabreiros es un desvío en curva que ha dado ya más de un susto. La señalización, mala. Hay otra reflexión a la que invita el recorrido: cuánto destrozo en el paisaje para tan poca mejoría.