Un edificio participativo

LUGO

PALACIOS

Reportaje | Ejemplos de nueva arquitectura El arquitecto que diseñó las viviendas para menores de 35 años en Vilalba subraya que intentó que el inmueble, ya acabado, tuviese rasgos propios y se integrase en el entorno

11 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

¿Conservar como norma absoluta o innovar como principio irrenunciable? Hablando de arquitectura en general y de un edificio en particular, parece tratarse de dos tendencias diametralmente opuestas, aunque tampoco parece imposible un punto de encuentro entre ambas. Las seis viviendas de promoción pública para menores de 35 años construidas por la Xunta en Vilalba pueden ser un buen ejemplo de esa capacidad de síntesis. Acabadas ya las obras, en las que el gobierno autonómico invirtió algo más de medio millón de euros -exactamente, 535.267-, y publicada la lista provisional de adjudicatarios y suplentes, Justo Portela, arquitecto de la oficina de rehabilitación de la capital chairega y autor del proyecto, explica cuáles han sido las pautas seguidas en el diseño de la construcción recién terminada. Las viviendas, situadas entre las calles Roxeira y Mato Vizoso, están en dos edificios. Dos se han construido en la superficie que ocupaba un edificio en mal estado, del que se conservan dos muros, y cuatro son de nueva planta. Un ascensor actúa como elemento de unión entre los dos bloques y resuelve diferencias de nivel. Respeto a un jardín Lo primero, recuerda Portela, fue tener en cuenta el jardín de un edificio contiguo de la calle Mato Vizoso, la alineación de la calle y un muro de piedra. Respetados esos apartados, el siguiente objetivo fue atender al trazado de la calle Roxeira y no agotar el volumen de construcción permitido por las normas urbanísticas, porque, afirma Portela, se corría el riesgo de levantar un edificio de dos fachadas que no se integrase en el entorno. «Quíxose facer un edificio participativo», dice Portela. El respeto al jardín vecino se potenció con la colocación de un gran cristal lateral, que actúa, explica Portela, como una pantalla. La existencia de un margen entre la superficie de la parcela (340 metros cuadrados) y la de cada planta (300) permite que las viviendas no sean grandes y que el edificio logre algo: «Dialoga tranquilamente co entorno», sostiene. Concluida la obra, cabe preguntarse si ha primado más la conservación de lo conservable o la búsqueda de nuevas formas: «Recuperouse a fachada tradicional porque era unha imaxe aceptada socialmente», dice Portela sobre uno de los elementos de la parte superior. A favor de las novedades ¿Admite novedades la parte vieja de una localidad o debe interpretarse que esa zona es un conjunto cerrado y terminado? Portela no alberga dudas: cree que no solo admite novedades sino que debe admitirlas, y rechaza el mimetismo aunque sea la solución «máis fácil». Al paisaje de la zona vieja vilalbesa le ha salido, pues, un nuevo elemento, que además traerá nuevos y jóvenes habitantes.