A la autovía con ironía

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En directo | Una experiencia desagradable Un indicador anuncia un acceso a la A-6 en Cabreiros, pero el pésimo estado de los primeros 12 kilómetros hace de la ruta un desafío para vehículos y conductores

26 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Los automovilistas que lleguen por primera vez al municipio de Xermade desde As Pontes y Ferrol o desde la parte occidental de A Mariña se encuentran, al pasar por la localidad de Cabreiros, con un cartel que es indicador y que resulta tentador. Una señal informa de que girando a la derecha y tomando la carretera LU-170 se desemboca en la autovía del Noroeste (A-6) en Parga: son 30 kilómetros de trayecto, lo que significa un recorrido algo más corto que si se circula hasta Vilalba por la LU-861, se toma la N-634 y se llega a la A-6 a la altura de Baamonde. La posibilidad de evitar los probables retrasos por las obras en la rotonda de Grandisca (Vilalba) -en donde confluirán la Transcantábrica y la autovía de Ferrol- y el abundante tráfico del tramo de la N-634 que va de la capital chairega a Baamonde pueden ser una tentación para conductores de fuera pero también para automovilistas de aquí interesados en el hallazgo de rutas poco transitadas. Un viaje realizado el pasado viernes, con salida de Cabreiros a las 11,51 horas, sirvió para explorar las características de esta alternativa. El comienzo de la carretera es curioso: a la derecha están elementos de la antigua iglesia parroquial de Xermade, construida en el siglo XVIII sobre restos del XVI y colocados en una nueva plaza gracias a un proyecto financiado por la Xunta y por el Leader Plus de Terra Chá. Siguiendo la vía, varios centenares de metros después, a la izquierda, aparecen el campo de fútbol de esta localidad y el área recreativa acondicionada el año pasado por el Concello a orillas del río Trimaz. Pero a estas alturas del viaje, pese a la escasa distancia recorrida, la contemplación y el disfrute del paisaje tienen que ser forzosamente asuntos de interés secundario para el automovilista. La pintura del firme empieza a difuminarse y se reduce al centro de la calzada, las márgenes están sin acondicionar y la anchura de la vía se aleja de lo conveniente: por un puente cercano al campo de fútbol y al área recreativa difícilmente pasarán a la vez dos coches. Esa falta de anchura se hace patente un kilómetro después. La llegada de un camión obligó a un peatón a frenar su marcha y a esperar en la cuneta su paso. Unos tres kilómetros después de salir de Cabreiros se empiezan a notar los remiendos aplicados en una vía que pide con urgencia un tejido nuevo y unas costuras en condiciones. Otros tres kilómetros después, además, aumentan las curvas, lo que obliga a reducir una velocidad que ya era escasa. Que la carretera podría ser una alternativa para acercar zonas del norte al centro de Galicia no es ninguna especulación: a unos nueve kilómetros de Cabreiros se ven las obras del gasoducto Mugardos-As Pontes-Guitiriz, lo que demuestra la ubicación estratégica de la vía. Pero que lo real está lejos de lo conveniente tampoco es una imaginación: a esas alturas del viaje, diez kilómetros después de salir de Cabreiros, algunas curvas deben tomarse a poco más de 30 por hora y los teléfonos móviles carecen de cobertura. Luego, 12 kilómetros después, la rotonda de Momán supone un cambio de perspectivas: la carretera está recién arreglada y la velocidad puede aumentar. Pero han hecho falta 20 minutos para cubrir el trayecto, iniciado por el irónico consejo de aquel indicador de Cabreiros.