Crónica | Sin solución para la familia que vive en una furgoneta
27 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?inguna de las tres instancias en las que entregó Antonio Cortiñas Montoya escritos para denunciar su situación familiar se responsabilizaron de buscarle una solución al problema: encontrarle una vivienda a la familia que vive en una furgoneta desde hace dos meses y medio porque nadie le quiere alquilar un piso. A una semana de que nazca su tercer hijo, la delegada de Benestar Social, Branca Rodríguez Pazos, declaró ayer que «é un tema de servicios sociais do Concello. A atención directa sempre se fai a través de atención primaria». «Eles -apostilló- teñen mecanismos e recursos para ises problemas». Una vez traspasada la pelota caliente al Concello de Lugo, éste, a través de su servicio de prensa, insistió en que ya habían ayudado a la familia en otras ocasiones que lo había solicitado. Apuntó que los dos últimos pisos en los que residieron el matrimonio y sus hijos los encontraron porque los servicios sociales municipales actuaron como intermediarios. La misma fuente reiteró que el Concello no dispone ahora mismo de bolsa de alquiler y recordó que la familia se encuentra en la lista de espera para la próxima adjudicación de viviendas sociales. La Consellería de Vivenda, por su parte, insistió ayer en que no tenía competencias en este tema, que según esta instancia quien ha de resolverlo es el Ayuntamiento de Lugo. Recordó que este departamento de la Xunta cuenta con un programa de erradicación del chabolismo e infravivienda y dispone de pisos para solucionar problemas puntuales, pero que no pueden actuar a menos que los concellos o Vicepresidencia lo requiera. Mientras las instancias se lanzan las responsabilidades entre sí, el problema de la vivienda de la familia Cortiñas sigue sin resolver. Los tres escritos entregados exponen los mismos hechos: que tuvieron que marcharse del piso de la calle Quiroga, edificio en el que viven más gitanos, porque no les renovaron el contrato. Pagan con el paro El dueño, según Celia Gabarri, la esposa, les dijo que quería reformarlo. Fueron acogidos por un cuñado, al que desahuciaron, por lo que tuvieron que marcharse. El cabeza de familia insiste en que nadie quiere alquilarle un piso, que está dispuesto a pagar, con el dinero del paro que ambos ingresan. Les urge encontrar un hogar ya que Celia pronto saldrá de cuentas y no quiere criar a su hijo en una furgoneta, a la espera de si los avisan de la bolsa de alquiler de la Xunta, donde están anotados o si les corresponde una vivienda social.