TRIBUNA | O |
21 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.UNA tarde cualquiera, unos papás juegan con sus hijos preadolescentes al fútbol sobre uno de los espacios verdes de la plaza de Augas Férreas. Una mañana cualquiera, sobre el jardín y los restos arqueológicos del Campo Castelo, un papá entretiene a su hija que juega con unas amiguitas. Son hechos que ocurrieron y son como tantos que se dan otros muchos días en la capital lucense. No son gamberros atiborrados de calimocho todos los que pisan el césped cuyo cuidado cuesta tanto dinero público, ni son todos litroneros los que usan restos arqueológicos como pista de obstáculos. Estos son peores; en vez de formar para la convivencia deforman el concepto de ciudadanía.