Bruselas no es retiro de políticos

Benigno Lázare ENVIADO ESPECIAL | BRUSELAS

LUGO

MIGUEL SOUTO

En directo | Lucenses en las instituciones comunitarias El Parlamento europeo aún no consiguió el reconocimiento que tiene por las decisiones y la actividad que despliega, según reconoce el diputado Daniel Varela

03 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Los modernos macroedificios del complejo que alberga las instituciones europeas en Bruselas, parecen más adecuados para una actividad bursátil, en donde todo el mundo va con traje, maletín, a toda pastilla y a lo suyo: de una comisión a la sala de fumadores, y de otra comisión a la cafetería. Sin embargo, en esta especie de Vaticano civil los funcionarios y los ejecutivos de la política se entrecruzan en los pasillos con grupos de invitados y de visitantes de todo tipo que asoman la cabeza dentro de la sala en la que se está celebrando una sesión o que se quedan mirando las perspectivas magnificentes de los patios interiores. Por allí se pasean personas que ya clausuraron su ciclo laboral, mochileros con el pelo a lo rasta o políticos de administraciones locales a los que probablemente les resulta difícil evitar comparar la descomunal diferencia de medios a su disposición. Del lugar en el que se reparten tantos miles de millones de euros anualmente no podía esperarse que renunciase a la parte alícuota y que se autoimpusiese un régimen económico en la línea espartana a la que están obligadas las instituciones del otro extremo de la cuerda, los ayuntamientos. Como una especie de ensanche perfectamente escuadrado, en cada planta se entrecruzan los pasillos en los que están los despachos de los políticos y del personal de apoyo. Eso sí, funcionarios, políticos y contempladores con ropas estrafalarias o portando sus mejores galas comparten perfectamente visible la tarjeta identificativa, que en unos casos es fija y en otros hecha al momento, incluida la foto incrustada en el propio plástico. La identificación, como el propio continente, homologa a todos los transeúntes de las avenidas interiores del Parlamento europeo. Sin embargo, a tenor de los idiomas que se emplean, es lo más parecido a lo que dicen que fue la torre de Babel, sobre todo desde la última ampliación, en la que casi cada país aportó una nueva lengua. Claro que si en la bíblica torre hubiesen dispuesto de los medios que hay en esta institución, su construcción a buen seguro que se hubiese sido rematada. Cuando los eurodiputados están enzarzados en los debates, tienen enfrente una larga fila de personas metidas en peceras que hablan sin parar traduciendo todo lo que se está diciendo. De todas formas, la mayor parte de los funcionarios e incluso de los políticos se manejan en varios idiomas porque, según recuerda el diputado Daniel Varela Suanzes, además de la asistencia a las comisiones y a las sesiones, que con frecuencia es muy raquítica, también recorren el mundo con todo tipo de cometidos políticos, a veces le dan la vuelta en un par de días. Daniel Varela considera que el Parlamento europeo cambió mucho y ya no es aquella institución a la que los partidos mandaban a morir políticamente a sus elefantes. Además de ser el lugar en el que se decide el reparto de fondos verdaderamente cuantiosos que llegan hasta el rincón más pequeño de Europa, se despliega una actividad viajera que requiere de personas dinámicas, según matiza el diputado popular. Estar en las instituciones comunitarias supone una mayor disposición de medios e independencia de los partidos, porque están algo más resguardados de los condicionantes de la lucha partidaria del día a día. Como contrapartida, también es más difícil conseguir que la población perciba el resultado de ese trabajo, como refleja la menor participación electoral.