TRIBUNA | O |
27 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.ESTÁ demostrado que la riqueza de Lugo no está en la industria sino en el subsuelo. Los romanos ya lo sabían y por eso levantaron la Muralla. En Lugo levantas una piedra y aparece una reliquia, un hipocausto, el templo de Diana, el mosaico de Batitales, y por ahí. Pero lo que nadie esperaba es que hubiese petróleo. Casi medio millón de litros de fuel en el subsuelo de lo que fue Frigsa no es un hallazgo, es un milagro. Entonces eran previsores, no como ahora que se te acaba el butano y te dicen que es por la guerra de Irak. El alcalde Orozco está pensando qué va a hacer con este regalo que le costará una pasta para reconvertirlo. Pero los políticos en eso son maestros: saben convertir el tocino en carne de ternera blanca. Yo lo pondría en botella, como el vino, no vaya a ser que con la patulea de Irak y la rabieta de Irán, tengamos que resucitar el candil y la vela de sebo. Se comprende la emoción de los que detectaron el depósito. Sería más o menos como la que sintió el obrero que, en el siglo XIX, descubrió en el subsuelo de la catedral los restos del Apóstol Santiago y se quedó momentáneamente ciego. Hay emociones terribles pero la del gasoil de Frigsa no debió ser menos: pensarían que San Froilán bendecía por fin a Lugo con un yacimiento de petróleo, después de tantos restos arqueológicos romanos. Porque en Lugo todo el mundo busca tesoros. Los arqueólogos, las bragas de Proserpina y el falo de Júpiter; los políticos, el secreto de la mayoría absoluta; los ganaderos, la subida de la leche y la carne; y el fiscal Izaguirre, la ropa usada de Cacharro para lavarla públicamente en la calle de San Marcos.