«A mí me llama mucho todo aquello que puedo tocar»

Benigno Lázare LUGO

LUGO

PRADERO

Entrevista | Christian Villamide Su máxima aspiración e ilusión es poder aportar algo al arte. Para practicarlo con total libertad lo compatibiliza con una jornada laboral en una empresa canaria

18 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

De niño, Christian Villamide hizo intuitivamente en piedras y arbustos de Meira sus primeras manipulaciones artísticas. Muchos años más tarde comprendió que aquello era lo que hacía en Inglaterra Richard Long, del que no conocía ni su existencia. Curiosamente, o no tanto, se parecía a lo que está creando también él actualmente. Los arbustos ya son árboles. -Sus fuentes de inspiración son «amplias y ambiguas». Da pocas pistas. -Amplias sí son. Mutaciones es un trabajo sobre la alteración del planeta por la intervención del ser humano. Es mi punto de vista sobre las alteraciones que detecto. -«Aséptico» es una de las palabras que más se repiten en sus catálogos y críticas. ¿Lo suyo con lo aséptico es una enfermedad o no tiene que ver con la profilaxis? -Es una forma crítica. Ese fue un trabajo iniciado antes del de Mutaciones y no va dirigido contra los museos directamente, pero sí contra esa tendencia que hay a destruir cosas y después crear algo para mantener la imagen de lo que fue, de lo destruido. Hice una serie de trabajos que eran como paisajes todos blancos, con piedras artificiales, incluso con estructuras en hierro que simulaban vegetación y quedaban paisajes asépticos porque la idea era como si se hubiesen limpiado y purificado, en ese proceso de sustitución de la naturaleza. -Tiene fama de combinar con armonía materiales clásicos y modernos, como PVC, viruta de madera, barnices, metacrilato e incluso huesos. ¿En función de qué hace esa asociación? -Surge de forma bastante circunstancial y depende de la serie en la que esté trabajando en ese momento. Según la forma en la que quiera presentar una idea, utilizo los materiales y técnicas, como por ejemplo fotografías o útiles de la vida cotidiana pero sacados de contexto. -¿Hay algún material con el que no trabaje nunca? -La verdad es que no. Las obras mías suelen tener muchísimas texturas, incluso algunas que en fotos parecen planas pero que no lo son porque llevan grietas, tierra o virutas metálicas en las que creo con decapantes efectos de óxidos y corrosiones. A mí me llama mucho todo aquello que puedo tocar y me gusta que la persona que esté viendo una obra, que no la contemple solamente sino que la pueda tocar. -¿Cuando usa huesos acude a una carnicería o los va a buscar a medianoche a un cementerio? -En una ocasión los huesos me los dio un amigo que había hecho enfermería y que tenían unos que los iban a tirar. En una de las obras utilicé un cráneo de una oveja que encontré en el monte, porque cuando hago algo relacionado con la muerte o la destrucción utilizo materiales que he ido encontrando y que con el tiempo me van dando ideas. En mi estudio hay almacenado un poco de todo, porque voy recogiendo objetos que me gustan por un motivo determinado aunque en ese momento no me tengan utilidad. -¿No le parece que está proliferando una especie de monocultivo de artistas conceptuales y minimalistas? -Yo creo que sí está ocurriendo eso. De todas formas, mi obra no es minimalista, aunque pueda haber alguna pieza concreta. Yo no me clasificaría entre los minimalistas; conceptual, un poco más, porque el concepto hoy es muy amplio. -Hace pocos años «honró» a los negrillos muertos de la Alameda de Lugo cubriendo uno con pintura fluorescente como para prolongarle la vida cuando aquel bosque ya estaba perdido. ¿La naturaleza, que es una de sus banderas de lucha estética, también está herida de muerte? -Esa era la idea. La de la noche, con la niebla en invierno, la idea del gallego que no se sabe si va o viene, actitud inteligente porque en medio del bosque no se podía saber si lo que se veía era un árbol o un peligro real. La Alameda era grandiosa y creo que fue el último jardín de negrillos que se murió en Europa, por lo que también es un símbolo. De todas formas, yo no me considero un ecologista radical y comprendo que la técnica tiene que existir, aunque hay que minimizar al máximo sus efectos en la naturaleza porque siempre la va a destruir. -¿Qué atracción especial tiene Canarias para los artistas lucenses, porque varios lviven o vivieron ahí? -Lo único que se puede aprovechar de aquí es el clima, porque en todo lo demás Galicia le gana por goleada. Yo me vine porque mi mujer es funcionaria y tiene la plaza aquí, pero también me podría ir a Japón o a cualquier otro lugar. «DE CORAZONES V». Madera y barniz. El rojo es de los pocos colores que emplea y descolora el artista. Habitualmente mezcla metales y materiales modernos y clásicos.