Crónica | Cuidando el medio ambiente Alumnos de quinto y sexto de Primaria del colegio de Lanzós (Vilalba) intervienen en una iniciativa que enseña a conocer el entorno a través de los sentidos
11 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.«Escóitanse pasos e ruxidos de herba». José Pardo, alumno de quinto de Primaria del CEIP Monseivane de Lanzós (Vilalba), llegó a esa conclusión ayer por la mañana, en plena naturaleza. «Eu escoito pasos tamén», corroboró su compañero Adrián Fernández. En un día que invitaba a disfrutar de la primavera -cielo despejado, ambiente seco, temperatura que caldeaba la mañana sin agobiar- su conclusión llegó en plena naturaleza, entre carballos, castaños y xestas que ofrecían un marco muy tentador para dejarse invadir por las sensaciones más naturales. Sin embargo, que nadie piense que los dos muchachos, a quienes acompañaban unas dos decenas de su curso y de sexto de Primaria, se tomaron la agradable mañana de ayer para hacer novillos y cambiar las lecciones del aula por una improvisada excursión campestre. Todo lo contrario: los jóvenes participaron, acompañados por personal docente de su centro y guiados por dos monitoras, en una expedición incluida en el programa Mochilas verdes, que persigue la explicación de los elementos del paisaje como fórmula de educación ambiental. La entidad Acquarium Galicia promueve la iniciativa entre escolares gallegos con la colaboración de la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre -impulsora del proyecto ambiental Voz Natura, en el que el CEIP de Lanzós participa desde hace años- y de la obra social de la Caixa. Dado que la de ayer era una actividad que completaba el trabajo de la asignatura Coñecemento do medio -como recordó la directora del colegio, Tarsicia García-, puede analizarse el comportamiento de los alumnos desde un a perspectiva académica. En primer lugar, se merecen una alta nota por su actitud. El proyecto consiste en el descubrimiento de la naturaleza con el uso de los sentidos, y debe decirse que ellas y ellos demostraron tener oído fino y olfato agudo para captar las sensaciones. El aire y las hojas «Estase ben aquí, rodeado pola natureza», comentan, casi al unísono los dos chicos antes mencionados, cuando uno de ellos, de repente dice que acaba de escuchar el sonido de un pájaro. Lo que se oye es naturaleza. Se escucha «o aire, as follas cruxir», afirma Javier Trastoy, alumno de sexto. Las hojas protagonizan otro juego, el de los olores, en el que los participantes en la iniciativa deben coger varias hojas y analizar su olor: hay que saber cómo huelen, qué olor desprenden y averiguar dónde está la causa que hace desprender ese olor. Tomando una hoja de xesta y otra de carballo, los jóvenes parecen deducir que el olor de la hoja de carballo viene de la planta y que al estar verde se nota más. Así lo apunta Christian Seivane, que cursa sexto. ¿Se aburre alguien, mientras tanto? Parece que no. Gozando de la naturaleza se disfruta más que en el aula, como aseguran Lucía Díaz, Elisabeth Ramudo y Katia Prado, las tres de quinto. Otro de los juegos consiste en seleccionar una parte del terreno para calibrar qué colores son los más abundantes. Dominan los verdes y los marrones, no hay nuda. Pero la lección no acaba en su mera dimensión académica. Cuando la experiencia al aire libre está cerca del final y se aproxima el momento de volver al colegio, una de las monitoras, María Martínez, advierte a los chavales que el material usado en el trabajo de campo debe recogerse para que no quede ningún rastro desagradable de la experiencia: los alumnos se anotan otra nota alta. Tan bien realizaron el aprendizaje de amor a la naturaleza que a las 12 sonó el timbre del recreo en el cercano colegio y nadie, según comentaba la directora varios minutos después, interrumpió la tarea.