TRIBUNA | O |
08 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.NO se sabe quién inventó las xuntanzas de jubilados pero es un invento políticamente correcto. Todos los partidos lo aprueban y los alcaldes lo consagran. Si a mi amigo Bernardino Barreiro, presidente de la Unión Democrática de Pensionistas le diese por crear un partido, barrería. Los jubilados no son sólo un colectivo importante, son una fuerza de futuro, un ejército en reserva. Debajo de la chaqueta llevan un voto. Ahora que la primavera estalla en los prados y campiñas, te das cuenta de que la vida es una lucha contra el tiempo, que decía André Maurois. Pero cuando hay una mesa abundante las reumas son menos y las pensiones parecen más. Tengo que hablar con los médicos de mi comarca para saber cómo andan los niveles de colesterol, ácido úrico, tensión arterial y por ahí de mis paisanos. No hay vez que no abra el periódico y no les vea ofreciendo sacrificios a Baco. Dicen las crónicas, y lo veo yo, que de norte a sur, el menú contempla como mínimo la empanada, el pulpo, la carne ao caldeiro, el vino generoso y el café con chupito. Galicia se desquita de la deuda histórica, de las hambres endémicas que sufrió por largos siglos. Cuando llevé a Mosteiro a Leopoldo Calvo-Sotelo, los jubilados de Pol y aledaños comían y bailaban en el polideportivo. «Una Arcadia feliz», dijo Leopoldo. Estoy esperando que Bernardino Barreiro me acoja entre los suyos para echar unas risas con la sagrada tropa de mis aldeas y un baile agarrao con la moza más joven del senado geriátrico. Hermitas Vázquez, de Castroverde, echó un baile, a sus 95 años, con el párroco. Eso es vida y democracia.