Trabajadores de cuatro continentes faenan en barcos mariñanos La mayoría intenta amoldarse para superar las barreras del idioma y de las diferencias culturales
27 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Trabajar en la pesca supone un triple sacrificio: jornadas laborales de muchas horas, lejanía de las familias y aislamiento. Aunque económicamente puede compensar, cada vez escasean más los españoles dispuestos a embarcarse. La imparable falta de tripulaciones llevó a los armadores a recurrir a inmigrantes. Hoy por hoy, en los pesqueros mariñanos conviven marineros de cuatro continentes: Europa, África, América y Asia. Los últimos datos del Instituto Social de la Marina (ISM) revelan que la quinta parte de los enrolados proceden de otros países. Mandos gallegos La mayoría de los inmigrantes trabajan a bordo de barcos de altura y gran altura, los que más tiempo están en el mar. Ocupan puestos de los que, desde hace una década, huyen los mariñanos que pueden, bien porque han encontrado empleo en tierra o porque se han jubilado. Los mandos siguen siendo gallegos. A finales de marzo, en la provincia había 2.163 trabajadores afiliados a la Seguridad Social en el régimen especial del mar, según el ISM. De ellos, 1.876 trabajan por cuenta ajena. En ese grupo están los 353 inmigrantes que entonces tripulaban embarcaciones mariñanas. Los caboverdianos, los primeros que se enrolaron en la pesca comarcal, siguen siendo los más numerosos. De cerca les siguen peruanos e indonesios, los últimos en incorporarse a una nómina en la que también hay senegaleses, marroquíes, colombianos, portugueses e incluso algún uruguayo. Diversos escollos A bordo, el primer escollo a salvar es el idioma. Los sudamericanos y los que hablan portugués lo tienen más sencillo; el resto, lo aprende de sus conciudadanos veteranos. Más complicado resulta conciliar las diferencias culturales y los hábitos alimenticios, aunque a gallegos e inmigrantes no les queda más remedio que esforzarse por amoldarse, respetando del mejor modo las costumbres y dietas de los compañeros. Otro dato relevante en la convivencia son las creencias religiosas, sobre todo cuando son tan dispares como la católica o la musulmana. Pero, aunque los pesqueros por dentro son más pequeños de lo que puedan aparentar, a bordo suele haber huecos, como el catre, donde puede orar quien quiera. Esos condicionantes, unidos a las dificultades de trabajar en plataformas tan inestables como son los barcos, marcan la convivencia en estos reducidos espacios.