Crónica | La otra cara del temporal Un grupo de 30 personas que se juntaron para comer anteayer en Muras alargaron la reunión hasta ayer al quedarse bloqueados por efecto del mal tiempo
05 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.La sobremesa se alargó hasta la madrugada. Es lo que puede pasar cuando se concierta una comida con amigos. El postre, el café y el chupito son razones para apreciar una buena mesa; pero los comentarios, los recuerdos y las nostalgias son otras tantas razones para prolongar una reunión. Los que acudieron anteayer para saborear las pantagruélicos menús con los que Casa Cándida ha convertido su restaurante de Viveiró, en el municipio de Muras, en un consolidado destino de turismo gastronómico no debían de imaginar que la comida acabaría enlazando con el desayuno del día siguiente. El encuentro, con la falda de la sierra de O Xistral como escenario, era uno de los que celebra periódicamente una pandilla de unas 30 personas, procedentes de diversas ciudades de Galicia. Unos se desplazaron en coche y otros viajaron en microbús, pero el número de caballos o de centímetros cúbicos de poco sirvieron a la hora concertada para el regreso. La reunión tenía el antroido como aliciente, y al paisaje, llegado el anochecer, le dio por disfrazarse. Empezó a nevar, por lo que la decisión de regresar a los lugares de origen tuvo que aplazarse. De poco sirvieron los esfuerzos por contactar con alguien que los llegase a rescatar. Pero un lugar como Viveiró resulta acogedor incluso si la nieve impide la vuelta al hogar a la hora convenida. Caldo y carne A unos tres kilómetros del restaurante está una confortable casa de turismo rural, a la que los incomunicados forasteros llegaron desde el restaurante en sus propios vehículos o en todoterrenos. El menú del mediodía había consistido en un cocido al que no le faltaba ninguno de los ingredientes para merecer rango de mesa de reyes, según explicaba ayer uno de los asistentes a la comida, Antón Pereiras, que recordaba, con buen humor, el tamaño de las fuentes en las que se habían servido las viandas. Pero por la noche, aunque el esfuerzo físico no había producido un gran desgaste en el organismo, no faltaron contundentes platos de caldo y nuevas degustaciones de la carne que había sobrado del mediodía. Y si amena fue la sobremesa que había llegado tras el cocido, no fue menos divertida la tertulia que se improvisó en el pazo de turismo rural en el que el grupo pasó la noche. El establecimiento tiene nueve camas dobles, por lo que hubo que repartirse: algunos compartieron cama, y otros, con mantas, se fueron a las salas del edificio. Tertulia y cuentos Lo de dormir fue lo de menos, poca cosa al lado de repetir escenas que podrían estar inspiradas en Á lus do candil , célebre conjunto de narraciones de Ánxel Fole. «Pasámolo ben, foi unha experiencia boa», dijo ayer Antón Pereiras. Con cartas y cuentos la noche se hizo amena y corta. «Botamos a partida e moitas parrafadas, e lembramos moitas cousas que se contaban antes arredor das lareiras», explicó. Pero todo tiene un final, y las noches que parecen transportar a uno a tiempos pasados no son una excepción. La nieve ya se había quitado ayer el disfraz de escenario mágico y ya era solamente una característica más del invierno de la Galicia interior, y los miembros del grupo, en diferentes momentos, emprendieron el regreso a sus casas. No era la primera vez que se reunían, ya que en Ourense suelen juntarse para celebrar un magosto. Tampoco será la última, pues se juntarán de nuevo en la romería de San Antonio da Xestosa, que tiene lugar en Muras. Y siempre, sea verano o invierno, con el calor que da la compañía de los amigos.