DESDE EL ADARVE
09 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.LOS GRAVES sucesos ocurridos en Francia deben servirnos para escarmentar en cabeza ajena sobre los peligros e indignidad de marginar a los inmigrantes. Por mucho que ahora prometan ayudas para los barrios marginales, el problema está en quienes han permitido durante décadas el deterioro económico y social de tales reductos. Yo estoy convencido de que aquí no somos mejores que los franceses. Todos sabemos que nuestra pesca, la explotación maderera, el servicio del hogar, la hostelería o, ahora también esas obras donde se trabaja a destajo y en condiciones peligrosas, no saldrían adelante sin los inmigrantes. Se les ha dado de alta en la seguridad social, pero aún estamos abriendo centros que regularicen su integración. Y la clave está en los colegios, donde faltan medios de todo tipo para atenderlos con lo más básico: lengua y costumbres. Y para los pisos de alquiler, ya no tienen subvención.