Crónica Los vinos en barrica ganan adeptos entre las pequeñas bodegas a pesar de la fuerte competencia de otras marcas más veteranas
09 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Comenzaron siendo una anécdota y han terminado por abrir un camino que nadie sabe a ciencia cierta dónde desembocará. Unos cuantos bodegueros intuyen que los vinos con crianza pueden jugar un papel destacado en el futuro de la Ribeira Sacra. Otros ven el paso de mencías (sobre todo) y godellos por barrica como una moda peligrosa inspirada en una tendencia pasajera. Sea como fuere, cada vez más elaboradores buscan un hueco en el mercado de la denominada alta expresión. Adegas Moure despejó el camino, en medio de un escepticismo general, con un mencía en barrica que ha reunido destacados premios desde 1999. La bodega de Joaquín Rebolledo se les había anticipado en Valdeorras con un vino de crianza, pero a los Moure les correspondió el mérito de comercializar el primer tinto gallego de estas características sin mezcla de variedades foráneas. El restaurador monfortino Emilio Rodríguez se subió pronto al carro con un mencía elaborado en barrica que ha logrado distribuir éxitosamente en Cataluña. Le siguieron Algueira de Fernando González (que empezó con crianzas de mencía y ahora ha hecho lo propio con la variedad blanca godello) y Thémera, elaborado en la bodega Alodio por el enólogo afincado en la Ribera del Duero Jorge González, dos marcas más próximas al concepto de alta expresión. Una etiqueta personalizada y la originalidad de la construcción de las barricas con un porcentaje de madera de cerezo, bastante utilizada antiguamente, permiten a Jorge González comercializar su vino a muy buen precio en restaurantes de Madrid. ¿Está al alcance de todos competir con estos vinos fuera del mercado gallego? Para un sector importante de bodegueros las respuesta es negativa. Ellos ven dos obstáculos. De un lado, la competencia de otras denominaciones de origen consolidadas que deben su prestigio a crianzas y reservas (Rioja, Ribera del Duero). Por otro, la previsible reticencia del consumidor a pagar más de 20 euros en un restaurante por un tinto con la joven contraetiqueta de Ribeira Sacra. Un Borgoña Pedro Rodríguez, de la bodega Guímaro, que acaba de poner a la venta una de las elaboraciones en barrica más logradas de esta denominación de origen, ha experimentado pros y contras en sus carnes. A etiqueta descubierta, el vino (sobre 12 euros en bodega) le parece caro a los distribuidores en una primera impresión. Sin identificarlo, los clientes de los restaurantes lo confunden con un Ribera del Duero, y fuera de Galicia, en una cata ciega de enólogos de postín, ha pasado por un Borgoña. El secreto: cepas viejas, baja producción y una vendimia que se posterga hasta octubre. Otras bodegas también han hecho crianza en pequeñas partidas: Regina Viarum y Viña Cazoga, en Amandi, o el enólogo Roberto Regal, en Chantada, con un lote de la excelente cosecha del 2003 en la bodega de Esther Teijeiro. Por ahora, se comercializan sin mención específica o al amparo de la etiqueta provisional «selección de añada», porque el reglamento no preveía la elaboración de crianzas. Abandonar el terreno firme de los tintos jóvenes, por el que otros suspiran, también tiene sus riesgos. El tiempo dirá.