Efecto mariposa en Terra Chá

La Voz

LUGO

La seis Oficinas de información turística y museos de la comarca chairega mantienen su actividad pese al mal tiempo, y reciben a veraneantes que no pueden gozar de la playa

17 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Quizá Albert Hammond no goce hoy de gran fama y sus canciones acaso no suenen con frecuencia en las emisoras, aunque una composición suya, Nunca llueve al sur del California , fue un indudable éxito en la década de los setenta. Puede que un año de éstos le corresponda ser protagonista de un homenaje o de una recuperación que lo devuelva a la actualidad. Mientras tanto, habrá que fijarse en lo que ocurre en la Galicia donde tanto llueve. Fijémonos, por ejemplo, en Terra Chá, en donde este verano está siendo tan lluvioso como en otras partes de Galicia. E igual que una mariposa agita sus alas y produce efectos a muchos kilómetros de distancia, la comarca chairega nota si en la costa atlántica o en la cantábrica luce el sol o reina la niebla. María Otilia Maceira , responsable de la oficina de turismo vilalbesa, afirma que cuando llueve, suele recomendar a los visitantes que se acerquen a algún museo de la comarca -el de prehistoria de Vilalba, el del escultor Víctor Corral en Baamonde o el del castro de Viladonga en Castro de Rei-. Sin embargo, advierte que los forasteros suelen preguntar en primer lugar por alicientes situados al aire libre: la ruta de senderismo de Monseivane o las lagunas de Cospeito son entonces algunas de sus principales sugerencias. ¿Se extrañan los turistas de este tiempo tan cambiante? Quizá no demasiado, según dice Maceira: acaso en el fondo se dan cuenta de que Galicia limita al norte con Inglaterra mar por medio, como se decía hace tiempo -según cuenta la tradición- en escrituras de fincas de municipios de A Mariña. Cerca de Vilalba, en Guitiriz, parece haber una fórmula bastante exacta para saber si hace calor más allá de la Costa do Sal. Olga Vázquez , encargada del punto de información turística de la villa, explica que ha recibido en las últimas semanas visitas de gente que llegaba desde A Coruña o desde Betanzos. La imposibilidad de ir a la playa los llevaba hacia Guitiriz, en donde lugares como las áreas de San Xoán de Lagostelle y de Sete Muíños son muy apreciadas. En Viladonga, mientras tanto, el turismo de sol y playa encuentra un perfecto complemento con el de cultura e historia. Maite Debesa , que atiende las instalaciones, asegura que entre los visitantes hay un porcentaje importante de forasteros que veranean en la costa de A Mariña, sobre todo en Ribadeo. Y aunque la mayoría conoce la importancia del recinto, no faltan, según cuenta Debesa, algunas sorpresas. Hay visitantes que descubren un lugar con restos de la época romana cuando lo que creían que iban a encontrar eran vestigios celtas. Será que en Galicia las sorpresas no están reservadas al barómetro ni al termómetro.