Entrevista | Silvia Marsó El martes está en Lugo para actuar en la obra de Darío Fo «Aquí no paga nadie», dirigida por Esteve Ferrer e incluida en la programación de Caixanova
05 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.La catalana Silvia Marsó comenzó en el teatro aficionado e independiente de Barcelona hace algo más de veinte años, y decidió adoptar el apellido artístico en homenaje a Marcel Marceau. Del programa Un, dos, tres, responda otra vez , ni hablar. -¿La gente sigue teniendo los mismos problemas que cuando Darío Fo escribió esta obra? -Esta es una versión nueva hecha por él, traducida por Carla Mateini. Le han dado una vigencia absoluta, desterrando fragmentos de la primera versión, de los años 80, y han incorporado una serie de circunstancias actuales como la globalización, la fuga de empresas o la mano de obra barata. Se habla de muchas otras cosas, pero la base de la función son dos parejas de obreros que pasan por una serie de vicisitudes cuando se ven inmersos en una trama muy divertida para el espectador, provocada por un movimiento social que ocurre en el barrio. Esta es una de las obras más representadas en Europa, pero el director, Esteve Ferrer, le ha dado una versión muy especial, porque la ha inspirado en el mundo del circo. Es un homenaje a Fellini y a sus personajes decadentes. -¿El humor también ayuda a matar el hambre? -Claro, sobre todo cuando nos reímos de nosotros mismos. -A pesar del gran avance social y cultural, sigue habiendo dominadores y dominados casi absolutos. -La cultura hace que los pueblos avancen y es lo más importante. Pero la nuestra es una sociedad jerárquica y, sobre todo en occidente, las multinacionales son las que dominan al consumidor, que es la víctima. Por eso las amas de casa de Aquí no paga nadie se sublevan. -Pero en la obra están representados varios prototipos. -Si, hay un idealista, que es Juan, el personaje que interpreta Jordi Rebellón, que cree en los lemas del partido y en la honradez del obrero, pero en un momento determinado ve que todo en lo que se basa su ideología carece de sustento. Antonia, mi personaje, es más pragmática y realista, que no se deja llevar por panfletos ni por las consignas. Como no puede vivir en la situación precaria en la que se encuentran, moviliza a su amiga Margarita y organiza lo que luego desarrollará la trama de la obra. Todo en clave de humor sarcástico y muy punzante. -¿Las series de televisión sirven a los actores como complemento, o es el teatro el utilizado para matar el mono del escenario? -Lo principal para los actores es interpretar. Hay que reconocer que en televisión el producto final es para consumo rápido, menos elaborado y que carece de un fondo comprometido, pero también te acerca al público de forma rápida. En resumen, encumbra muy rápido, pero un actor no demuestra nada hasta que se sube a un escenario. -¿Las giras se deben a una cuestión de subsistencia o a que también se descentralizó el teatro? -Por varios motivos. En primer lugar, los teatros de España hoy son maravillosos. El teatro es un rito que sólo existe en directo, entre actores y público. Es necesario que llegue a todos. -¿Este arte superó el peligro de sucumbir? -Como la música clásica y otras artes, es para minorías, pero no desaparecerá. Lo hay para todos los gustos, pero el teatro que me gusta es el que me hace reflexionar y que refleja los problemas de la sociedad.