TRIBUNA | O |
27 oct 2003 . Actualizado a las 06:00 h.ESTAMOS viviendo una época marcada por la excesiva presencia de la violencia en el ámbito deportivo. Si nos paramos a analizar la situación actual, no podemos sino ver como la violencia se está convirtiendo en el paradigma de la resolución de los conflictos entre las personas, las culturas y las naciones. El deporte no es más que un indicador más de los problemas estructurales de la sociedad que estamos creando. Las noticias que nos han preocupado en los últimos tiempos tienen esta marca degradante. Las naciones más poderosas de la tierra han enarbolado la bandera de la violencia como forma de resolver las diferencias o como forma de adueñarse de los recursos: los Estados Unidos y algunos países europeos demonizan a otras naciones con la justificación decombatir el terrorismo; Rusia machaca a Chechenia, Israel aplasta a los palestinos... Y la comunidad mundial debate si apoyar a unos o a otros, generalmente mediatizada por intereses económicos. Vemos a nuestros políticos, a los líderes de nuestros países, empleando más argumentos fundados en la violencia verbal contra las personas de sus partidos adversarios que defendiendo sus ideas y programas. Vemos como líderes de la televisión y del cine a actores musculados y violentos, el prototipo del macho de la edad de piedra. Y esto por no hablar de otras formas de violencia sutil que empleamos en el día a día: el desprecio, la negligencia o el abandono de niños, los gritos y amenazas, los chantajes emocionales, la explotación laboral o emocional, o la violencia doméstica. Todas estas manifestaciones se concentran a veces en el entorno del deporte.