Reportaje | La plaga se inició en Ribadeo y se ha extendido a Barreiros Los obreros han detenido las obras que ejecutaban en el inmueble y los propietarios se quejan de la escasa ayuda que reciben de las distintas Administraciones
24 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Cada día asiste impotente a la invasión de su casa por miles de gusanos, que cruzan la carretera desde un prado vecino. Mari Fran Rodríguez ha llamado a muchas puertas, pero por ahora nadie ha solucionado su problema. Desde el Seprona le aconsejan utilizar un sulfato con peiretrinas de síntesis, pero ella cree que de poco servirá si los gusanos siguen campando a sus anchas por otros campos vecinos. Desde hace quince días, cada tarde, cuando llega a su casa en Riocaínzos, en la parroquia ribadense de Vilaframil, ve el mismo espectáculo, centenares de gusanos en las puertas, parades y ventanas. «Non conto ningunha mentira. Esto pode velo calquera. Así, aquí non se pode vivir», dice. Y su madre lo corrobora: «Estou todo o día matando neles, pero non pode con eles. Púxenme a coser e non puiden, porque me subían polas pernas», señala. El culpable es un verme cuyo nombre científico es cirphis unipuncta. No es un extraño en Ribadeo. Hace años las praderas de Arante sufrieron sus efectos. Los gusanos devoran y secan los prados en temporadas de calor. Su presencia es relativamente habitual, pero no en las cantidades en las que se pueden ver desde hace días en Vilaframil. En amplias extensiones de campos ya han dejado su huella y, al entender de Mari Fran Rodríguez, otras casas también están amenazadas: «Nunha que hai aquí cerca votaron de todo, ata lexía, e conseguiron paralos, pero o problema que teño eu é que están nun prado do lado, e que o seu dono non o quer sulfatar porque dice que non pode deixar as ovellas varios días nas cuadras. Eu cheguei a botar sal na carretera, para que non cruzaran, pero non valeu para nada». La situación ha llegado a tal extremo que las obras de remodelación de la casa que ejecutaban han sido suspendidas: «Os obreiros decíanos si queríamos que emparedaran tamén ós gusanos», señala Mari Fran Rodríguez. Fue un mal, si cabe, menor, ya que esta familia se había trasladado a otra vivienda días antes de la plaga por esas mismas obras. El calor y sol en esta época del año está favoreciendo la reproducción de los vermes. A principios de semana llovió, pero no sirvió para nada: «Cando cheguei esa noite aquí asusteime da cantidade que había, eu creo que escaparon para a casa. Xa sei que outras persoas teñen este problema nas súas terras, pero é que eu teño os gusanos na casa, e non se pode vivir así. E non se van parar aquí. Co tempo xa se verá», concluyó.