Sólo once concejales, del PSOE y del PP, participaron en los actos oficiales El obispo de la Diócesis, fray José Gómez, pidió un mundo sin el «poder que esclaviza»
15 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?a festividad de la patrona de Lugo, la Virgen de los Ojos Grandes, se vivió ayer con la indiferencia de cientos de lucenses que marcharon de la ciudad en busca del descanso y de la playa. Buen ejemplo de la frialdad del acto principal, una misa en la catedral y procesión desde el Ayuntamiento, fue la participación de los miembros de la corporación local. De los 25 ediles que tiene el Concello de Lugo, sólo once asistieron al acto oficial. Se trataba de los socialistas José López Orozco (alcalde), Francisco Fernández Liñares, José Ramón Gómez Besteiro, Luisa Zarzuela, José Piñeiro, José Ángel Corredoira y Dolores Vieiro. Por parte de los populares acudieron su portavoz municipal Manuela López Besteiro, José Díez de Castro, Alicia Peña y Lorenzo García. De la corporación local no acudió ningún concejal nacionalista. La comitiva salió del Concello minutos antes de las once de la mañana. En el balcón de la Casa Consistorial estaban colgados, además de la bandera de Nunca Máis, los pendones con el escudo del Reino de Galicia y el del Ayuntamiento. Como manda el protocolo, estaban los miembros de la Policía Local vestidos de gala por delante y la Banda Municipal, dirigida por Rosendo Ivorra, por detrás. En el medio desfilaron los corporativos, con el representante que portó el pendón, que como viene siendo habitual en las últimas celebraciones le toca al socialista José Piñeiro. En la puerta de la catedral la comitiva municipal fue recibida por representantes del cabildo catedralicio. La misa fue seguida por unos doscientos lucenses, la mayoría superaba la mediana edad, y por algunos turistas despistados con sus cámaras de fotos. El acto estuvo presidido por el obispo fray José Gómez, quien en la homilía abogó por un mundo en el que se deje de lado «el poder que esclaviza y avasalla». El prelado lucense destacó el trabajo que desarrollan numerosas personas «que renuncian al poder, al bienestar, al dinero, para ponerse al servicio de los demás, y son las semillas de la resurrección de Cristo». El obispo señaló el ejemplo a seguir de la Virgen María y de Cristo, «que nos ayudarán a ser actores de un nuevo mundo». La misa estuvo cantada por el Orfeón Lucense, siendo la vocalista principal la vicepresidenta del grupo musical. Al finalizar el oficio, que duró sobre una hora, la comitiva municipal regresó hasta la fachada del Concello. Un centenar de lucenses acompañaron a los ediles.