En directo | Catalanes de adopción de vacaciones en Navia de Suarna El municipio acoge cada verano a los emigrantes que abandonaron la zona en los años 60 y 70 debido a las adversas condiciones de vida y al nulo desarrollo económico
14 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?l Concello de Navia de Suarna, como todos los situados en la comarca de Os Ancares, se enfrenta a una pérdida masiva de población. En el año 1900 el contingente demográfico del municipio era de 6.762 habitantes y en 1991 de 2.136. En el padrón del año 2001 quedaron registradas 1.916 personas. Desde principios de siglo XX, estas tierras han sido azotadas por un constante proceso de emigración originado por las adversas condiciones de vida de la zona y por el proyecto de creación de un embalse, el Gran Suarna que está pendiente de aprobación desde el año 1938. Esta planificación recogía la posibilidad de inundar la capital, Pobra de Navia, y algunas aldeas cercanas, por lo que se paralizaron las operaciones públicas y se frenaron las posibilidades económicas y demográficas del municipio. Con estas perspectivas, a la mayor parte de los habitantes de Navia y su entorno sólo les quedó una alternativa, la emigración hacia las grandes ciudades, especialmente hacia Barcelona y sus alrededores. Durante la época estival, estos catalanes de adopción vuelven a las tierras lucenses con las que siempre se han mantenido en contacto. Las vacaciones en Navia se han convertido en una tradición familiar que pasa de padres a hijos. Los más jóvenes traen a sus amigos que, en muchas ocasiones, quieren repetir experiencia. María del Carmen y Manuel Pérez López nacieron en la parroquia de Santa María de Son pero han pasado prácticamente toda su vida en Barcelona. Sus padres emigraron a Cataluña en 1977 buscando un futuro mejor cuando ellos tenían 10 y 11 años respectivamente. Allí han formado sus hogares, pero durante un mes al año dejan de lado esa vida y regresan a su pueblo natal. Traen a sus parejas y sus amigos y aprovechan para descansar, comer bien y jugar a las cartas. Manuel y María del Carmen se sienten muy vinculados a la tierra que les vio nacer. En Barcelona compran productos típicos de la zona que las tiendas envían a Cataluña como pan, empanadas y las populares androllas. Manuel pertenece al Club Deportivo Navia, una asociación que integra a alrededor de veinte naviegos que juegan al fútbol en categoría aficionada. «No jugamos muy bien, pero así nos mantenemos en contacto con los que fueron nuestros vecinos. Entre nosotros hablamos en gallego y cuando llegan las vacaciones también nos juntamos aquí y jugamos un partidillo», señala Manuel. Doce años Un caso similar es el de Delfina Pérez Núñez, cuyos padres emigraron a Barcelona buscando mejores condiciones de vida en 1963, cuando ella tenía doce años. Delfín Pérez, el tío de Delfina, también emigró primero a San Sebastián y luego se marchó a Barcelona para reunirse con su familia. Delfín explica que en Cataluña realizó todo tipo de trabajos, «trabajaba casi un día en cada sitio», explica. «La gente se marchó de aquí porque sus hijos no tenían dónde ir al colegio. El único futuro era la tierra que no daba dinero suficiente para vivir», afirma Delfina ante la atenta mirada de su hijo Iván que se muestra encantado de veranear todos los años en el pueblo de origen de su madre.