Una exposición en el edificio de la Xunta recoge fotografías que documentan el desarrollo urbano del entorno de la Fonte dos Ranchos a partir de 1960
09 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?ubo una época, nada lejana en el tiempo pero sí en las circunstancias, en la que los jóvenes de 15 años ya eran mayores. Las obligaciones laborales, la moda, la situación económica y política, e incluso las relaciones de pareja influían para que un chico o una chica tuviesen que asumir desde temprana edad una experiencia propia «de los mayores». Fueron los años del desarrollismo industrial, aunque en Lugo fuese menor que en otras ciudades gallegas. La población rural se acercaba a la capital, huyendo ya entonces de una manera de vivir, la agricultura y la ganadería. Un amplio grupo de amigos y vecinos, protagonistas de aquella época, se juntaron ayer en la sala de muestras de la Xunta para reencontrarse con su pasado, que también es el de Lugo. Una exposición formada por 64 fotografías recoge la memoria viva del barrio Domingo Tallo y Abuín, una amplia zona que hoy alberga las calles Quiroga, Portugal, Río Lor, Río Ulla, Serra Gañidoira, Concello, Nazario Abel, Serra de Outes, Lamas de Prado, Xermán Alonso, Tui, Ramón Cabanillas, Doctor Gasalla, Chantada y Fonte dos Ranchos, entre otras. Las calles eran de tierra, sin aceras, sin alcantarillado, sin alumbrado público. Pero fuera de la falta de servicios que hoy consideramos básicos, las calles eran de los jóvenes, de los ciudadanos, y no de los coches. Las pandillas de amigos tomaban las rúas lucenses en busca de una diversión con nombre de San Froilán, Club Fluvial, partidos de fútbol, paseos por la praza Maior o la Rúa da Raíña, o simplemente para jugar a la billarda, las bolas, el bote, el clavo o las chapas. «Como choveu desto», señalaba en la presentación de la exposición -que se podrá ver hasta el 20 de junio- uno de los muchos jóvenes de los años sesenta que ayer compartía experiencias y recuerdos con sus amigos de barrio. La colección de fotografías recoge imágenes de personas conocidas en la zona de la Fonte dos Ranchos y que con el tiempo desempeñaron cargos públicos. Precisamente la exposición se llevó a cabo gracias a la colaboración de más de cincuenta lucenses, el Archivo Histórico Provincial y la Agrupación Fotocinematrográfica Fonmiñá. Para los que no se sientan involucrados sentimentalmente con la zona, la muestra sirve de disección de una manera de vivir que se rescató del olvido a través de series de televisión y de películas. Peinados femeninos con moños, chaquetas a cuadros al estilo inglés, faldas plisadas, gabardinas grises, corbatas en jóvenes con cara de mayores, o pantalones vaqueros con una vuelta en los tobillos, a lo John Wayne, eran los atuendos de unos lucenses que llegaron a la capital con el ánimo de trabajar e instalarse en una vida que no era fácil. Las casas de planta baja de Río Lor creaban un urbanismo propio de Lugo, donde no podía faltar en medio de la calle una horta de repolos. Un hito importante para cualquier barrio que se precie es la iglesia. Las fotografías muestran la construcción del templo de San Antonio, que acogería a muchos de los fieles que vivieron, y viven, en las viviendas sindicales Grupo José Antonio, y de las que también hay testimonio de su edificación. Y el blanco y negro. No sólo de las fotos y del cine, una de las pocas diversiones, sino de una vida por la que tiempo echó una pátina de melancolía y de la que muchos añoran, pero que a nadie le gustaría volver a tener. La vida era gris y con pocas oportunidades, aunque tenía unos valores infranqueables, sobre todo el de la amistad.