Miles de personas aistieron al emotivo que acto que la lluvia no consiguió deslucir Desde el «Villa de Ondárroa» se lanzaron al mar las flores en recuerdo de los náufragos.
01 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Un cielo plomizo, el mar calmo como un plato llano y una riada de gente siguiendo una misma dirección: el puerto de Burela. La familia marinera de esta localidad se encomendó ayer por la mañana, una año más, a su patrona, la Virgen del Carmen. Y lo hizo a lo grande, con miles de personas dispuestas a arropar a su gente del mar en su homenaje anual a la patrona de los Mareantes. «Qué guapines van», decía en voz alta una asturiana apostada en el borde mismo del muelle burelés. Hablaba de los barcos. Grandes, medianos, y hasta los más pequeños, engalanados de flores y banderolas, vestidos de fiesta para la ocasión. El Mendaña , el Pescorial , Nuestra señora de la Blanca, el Croque ...y hasta la Saturno . Y al frente, la nave capitana, que este año fue el Villa de Ondárroa , el mismo que capitaneó años atrás la lucha de los boniteros de Burela contra los volanteros franceses e irlandeses. Blanco y azul, terminada la misa de campaña en el puerto, arropan a la Virgen marinera en la vestimenta de quienes la portan. No podían faltar los remos, ni el ruego: «Nuestra Señora del Carmen, sálvanos». Y los cielos se abren, y a pesar de la lluvia, los barcos se llenan para realizar la especial singladura, un poco más allá de su faro- guía, la Peña Burela. En la vieja rula, el sonido de la sirena tiene réplica en los barcos. Flores para los náufragos. Una corona se tira al mar en su memoria, «e son tantos», apunta una mujer de avanzada edad fiel a esta cita anual. Pero este año, la fatalidad volvió a jugar con los hombres del mar de Burela. Un ramo de flores se arrojó al mar con el nombre de Enrique, el marinero caboverdiano que desapareció, hace hoy una semana, del Bellavista . El mar, la mar y Burela, que hoy termina sus fiestas. Y el miércoles, una vez más, la costera del bonito.