La ex esposa de un jubilado se siente sometida a «terrorismo sentimental» por las misivas que le envía éste, que no acata una orden judicial de incomunicación
18 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.?o suyo, lo de Santos Vega y Carlota Novo, duró veinte meses y veinte días. Después del fugaz matrimonio llegó la dolorosa separación, el divorcio, la anulación y los problemas judiciales. El último llevó ayer a Santos Vega, un médico jubilado, al banquillo de los acusados del Juzgado de lo Penal 1, por incumplir las medidas de alejamiento ordenadas y que suponían la prohibición total de comunicación con su ex esposa. El motivo de la discordia en este caso, cinco cartas remitidas entre el 8 de diciembre del 2000 y el 11 de mayo del 2001 por Vega a Novo. Él aseguró ante la juez que se las envió para felicitarle las navidades y para tratar de «ayudarla y de sacarla de las tinieblas en las que se encuentra». «Yo no soy consciente -dijo en varias ocasiones- de que eso sea un delito en mi conciencia cristiana». «Hasta en las guerras el tiempo de Navidad es tiempo de paz», apuntó en otro momento de su intervención, interrumpida en numerosas ocasiones por la juez, ya que se iba por las ramas. Su ex esposa no consigue encontrar ese espíritu cristiano en el comportamiento de su ex marido y por eso lo denunció. Ella aseguró ante la juez que se siente sometida a lo que denominó «terrorismo sentimental». Insistió en que estaba a tratamiento psiquiátrico y psicológico y dijo que le parecía vejatorio recibir las misivas, que seguían llegando a su domicilio y a veces con nombres supuestos. «Tengo la nulidad -apuntó- y este señor no tiene por qué mandarme nada».Santos Vega reiteró que se consideraba inocente y dijo ser objeto de persecución por parte de su segunda esposa. Intentó iniciar un largo alegato final, pero la juez se lo impidió.En la vista solo declararon los dos miembros de la otrora pareja feliz. En la sala, sin embargo, había un nutrido grupo de jubilados, que arropó al ex esposo antes del inicio de la vista.El médico jubilado, que dijo que cuando se había casado «estaba tuerto, no ciego, y que por eso hice separación de bienes», se enfrenta a una multa de 20 meses, a razón de una cuota diaria de 30 euros. La petición fiscal por quebrantamiento de medidas cautelares de caracter continuado, incluye también una indemnización de 1.200 euros, en concepto de responsabilidad civil por el daño moral causado.La fiscal trató de indagar en las propiedades del acusado, antes de modificar la petición inicial de condena y reclamar la indemnización por daño moral. Santos habló de varios pisos, sobre los que no quería dar demasiadas pistas, dijo que por temor al embargo.El médico jubilado fue la primera persona condenada en Lugo maltrado psicológico, derivado de las diferencias que ambos mantienen desde su tormentosa separación matrimonial.