El apoyo de los bancos es vital en estos momentos para que la confederación empresarial consiga salir del profundo bache económico que está atravesando
09 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Fue un divorcio doloroso, con heridas casi irreparables -el tiempo, como aseguró en numerosas ocasiones el ex presidente Sánchez Vilariño, acaba poniendo siempre a cada uno en su sitio- y con implicaciones de largo alcance en los dos bandos de la familia empresarial. Guillermo Sánchez Vilariño se equivocó en la elección de su sucesor y a estas alturas se le nota que está muy arrepentido de haber confiado en Martínez Dapena en una confederación de la que llevó la riendas durante once años, con la colaboración del secretario general, José María López Bourio, y sin contestación alguna. La herida está abierta y tardará en cicatrizar, pese a que este año el empresariado lucense está de celebración: el 25 aniversario de la fundación de la CEL. La semana próxima se sabrá probablemente si, tal como anunció Vilariño, permanecen en la junta de gobierno quienes abandonaron el comité ejecutivo en bloque, acompañando al ex presidente, o si, por el contrario, se retiran a sus cuarteles, posibilidad bastante improbable. No parece que se presente nada fácil para el presidente de la CEL la recuperación de la armonía perdida. Tampoco parece probable que se vuelvan a producir, al menos de momento, los acuerdos por unanimidad en el seno de la junta de gobierno, como ocurría en los últimos años. Los estatutos establecen para las reuniones una periodicidad de 45 días. Si bien es cierto que, tal como reconoció el ex tesorero Ferreiro en un escrito remitido en plena crisis, los órganos de gobierno sólo se pronuncian «en casos de compra, venta, concesión de créditos bancarios y operaciones que impliquen compromisos de envergadura». Martínez, en aplicación del plan de viabilidad, tendrá que poner en marcha una serie de medidas trascendentales, encaminadas a la reducción del gasto y a hacer frente a una deuda que inicialmente se cifró en 27 millones de pesetas en el 2001 y que después se reconoció superior a los 900.000 euros en los últimos años. El millonario contrato de los locales del Cise será rescindido, pero la CEL tiene de plazo un año para buscar un escenario alternativo para impartir formación. En el reparto del patrimonio sindical, a los empresarios les correspondió la sexta planta del edificio de sindicatos, que ahora está ocupada por UGT, en tanto no finalizan las obras de reforma. En un año probablemente estén acabadas. El plan de austeridad abarcará también a las plazas de garaje alquiladas. Sin embargo, el asunto que más sensibilidades despierta es el relativo a personal y la picota de la reestructuración de plantilla. La CEL también tendrá que contar inevitablemente con los bancos para intentar salir adelante en estos difíciles momentos.