El regidor ribadense destaca el grupo humano con el que trabaja en San Marcos y subraya que no tiene ninguna «ilusión» por acceder a otros puestos de responsabilidad
26 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.José Carlos Rodríguez Andina encara el final de su segundo mandato al frente del Concello de Ribadeo. Pero estos cuatro años están siendo también los primeros que vive como vicepresidente primero de la Diputación Provincial. La holgada mayoría absoluta de 1999, ocho ediles en una corporación de trece, le permite compaginar su despacho en un edificio que perteneció al intrépido e ilustrado fundador de Sargadelos, Antonio Raimundo Ibáñez, con frecuentes estancias en el Palacio de San Marcos. En ningún momento de la entrevista, celebrada anteayer por la tarde en esta villa con tres redactores de La Voz de Galicia, el regidor ribadense intentó evitar las respuestas. No es amigo de las frases espectaculares, ni dice tener problemas para mostrar en su actividad pública el mismo talante moderado que confiesa tener en su vida privada. -¿Cómo define la experiencia de vicepresidente de la Diputación? ¿Se ve como delfín de Francisco Cacharro, como su mano derecha o incluso como posible sucesor? -No. Soy un colaborador próximo por voluntad directa del presidente de la Diputación, pero nada más. Y no es falsa modestia. Supongo que dentro del grupo humano que se creó en la Diputación Provincial el presidente determinó, por las razones que sabrá él exclusivamente, de qué gente se quería rodear de un modo más próximo. Pero hay un equipo de gobierno de ocho personas y cuatro somos vicepresidentes; hay proximidad, pero no soy el único. Entonces, ni delfín ni sucesor ni... Esos calificativos no tienen sentido. En primer lugar, para ser diputado provincial hay que tener unos resultados municipales, y después de los resultados hay que elegir entre cada grupo de municipios a los diputados; por tanto, no hay ninguna posibilidad de designación directa por otra vía que no sean los resultados electorales y los acuerdos entre varios Concellos. -La gente se pregunta hasta qué punto ha sido beneficioso para Ribadeo que el alcalde sea vicepresidente de la Diputación. Hay gente que dice que está demasiado tiempo en la Diputación y que está descuidando un poco Ribadeo. -Que fue beneficioso para Ribadeo me parece indudable. Y yo creo que a cualquiera que esté en política y se le pregunte, desde el punto de vista personal y de la población que representa, qué le parece esta posibilidad, va a opinar que es absolutamente positivo que el alcalde o algún representante de ese municipio esté en la Diputación Provincial. Yo creo que sólo lo discute en estos momentos, pero porque a veces lo discute todo, el PSOE de Ribadeo. Yo creo que no es una situación de prestigio personal del alcalde sino de prestigio del propio Concello. Y pienso que salvando las distancias, es como si te preguntan qué te parecería que Ribadeo tuviese un conselleiro, un diputado autonómico, un parlamentario nacional, un ministro... Eso da un empaque al municipio, al margen de que hay que hacer compatibles los dos trabajos. Y en cuanto a si es productivo, sí. Yo no estoy en Lugo, y lo digo claramente, ejerciendo de alcalde de Ribadeo, porque no sería lógico: si estoy allí, tengo que representar a la provincia. Pero hay muchas oportunidades de acceder más fácilmente a centros de poder, de decisión. E indudablemente hay muchos momentos en los que puedo trabajar por Ribadeo estando en Lugo. Pero fundamentamente mi trabajo es el de alcalde de Ribadeo. -En la calle no se discute su integridad o su trabajo; pero se dice que está muy lejos de la gente de Ribadeo. ¿Lo sabe? -Eso es parte de la maniobra política de que como no se puede decir que no trabajo, porque la gente lo ve, ni que me despreocupo de los temas, porque también la gente lo ve, un grupo de oposición empezó a bombardear, a decir que no estaba aquí, que no atendía a la gente. Y a veces cuando llega una persona al Concello y me dice que es difícil encontrarme allí, le contesto que estoy todas las tardes que haya que estar. Es algo más psicológico que otra cosa, porque cada mañana de un día que estoy aquí recibo a más de una docena de personas, y si no recibo a gente por la tarde, es porque la gente no querrá verme. -Con sus apoyos y siendo un hombre de partido que nunca alza la voz, su aspiración política, ¿acaba aquí o tiene algo más? -¿Que soy un hombre de partido? Sí. ¿Que soy disciplinado? Lo soy en todos los ámbitos. No creo que se me haya visto levantar la voz en temas de partido, pero creo que es difícil que se me haya visto levantarla en un pleno, una comisión informativa o un pleno, porque es mi carácter: procuro no crear crispación. Y sobre otros cargos, lo que creo que aquí hay gente que me quiere mucho. Nunca hubo expectativas, perspectivas, comentarios o ilusión mía por irme.