La cara y la cruz del padre Miño

María Cuadrado lugo

LUGO

En sus primeros kilómetros el río sortea los desagües de Meira y cría truchas en los cotos Una estela de abedules y sauces guían el recorrido y el trazado caprichoso del río

21 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

A La desembocadura del Miño no se imagina su nacimiento, recatado y sigiloso en el Pedregal de Irimia, lugar donde ayer en cinco minutos confluyeron malagueños, catalanes y madrileños. Buscaban el agua entre las piedras y la maleza del merendero, guiados por el murmullo que suena en Irimia Alta, a escasos metros del punto de partida de la ruta que conduce al Eo. No hay paneles, ni Meira tiene oficina de turismo. Discurre la corriente por la ladera, entre los pueblos de As Corbaceiras e Irimia, que se resiten al abandono adoptando a sus hijos catalanes. Habrá que llegar casi hasta la llanura para ver desde una carretera local cómo las truchas buscan la sombra. El agua del Miño es limpia y comienza a bifurcarse. Las huertas de Meira son las más beneficiadas. También lo fueron los ocupantes del antiguo monasterio cisterciense, vigía de la cara y cruz del padre de los ríos gallegos. Cuando la corriente apenas ha cubierto sus primeros 10 kilómetros de vida comparte canal con los residuos de los desagües, los carteles que no interesan y la intensa maleza que denota la falta de limpieza acumulada desde hace años. Tranquilos. Las obras y la financiación ya están anunciadas. El Miño se oculta entre las empresas y los talleres y reaparece junto a la vieja fábrica de licores, en un amplia y cuidada área recreativa que los fondos europeos permitieron crear junto a la N-640. Es el espejo de la villa, que la polémica depuradora empañará metros más tarde. Las telillas blanquecinas se acumulan en el fondo del cauce y con ese color contagia a su primer afluente no reconocido, el río da Pena Moura. Los primeros molinos La presencia de un molino de piedra abandonado revela fuerza en el agua. Sauces, abedules y otras plantas afloran en la laguna de 3.500 metros cuadrados de Fontemiñá (A Pastoriza), rodeada de campos de humedales, un cruceiro de Manuel Mallo y el monumento de Paz Picallo. La fiesta anunciada para el fin de semana ha mejorado el área de Fontemiñá, desde donde se avista un molino en funcionamiento. Hace años fue escenario de una fiesta de hermandad que debería haber tenido continuidad en cada uno de los concellos que baña el Miño. La idea no prosperó. La corriente se adentra en el paisaje chairego, cruza praderías y campos de maíz en las parroquias ganaderas de San Cosme de Piñeiro y San Salvador de Crecente. A cierta distancia, pero casi paralelo a la carretera un brazo del Miño da lugar a la primera piscifactoría, que ocupa la antigua ubicación de un molino.