En Venezuela, durante los rocambolescos acontecimientos políticos del pasado fin de semana no hubo una situación de guerra convencional, pero sí de golpe de estado, con militares, paramilitares y multitudes irascibles y armadas hasta los dientes. Sobre todo el sábado, el riesgo físico era grande en determinados barrios de Caracas y ante el palacio presidencial, según afirma José Antonio Ferreiro, que por la noche tuvo la ocasión de entrar en el palacio de Miraflores y presenciar unos episodios dignos de una novela del denominado realismo mágico. El periodista llegó el viernes a Caracas, cuando ya estaba el ambiente muy caldeado. El sábado fue al barrio Veintitrés de Enero, que es uno de los dos principales enclaves de pobreza que, aunque están en medio de la ciudad, constituyen unas islas rodeadas por autopistas, vías férreas y grandes bloques de edificios desde los que francotiradores chaviztas disparaban indiscriminadamente, mientras en las calles una multitud se enfrentaba a la policía y arremetía contra los periodistas, fundamentalmente de los medios locales. Ferreiro y el cámara que lo acompañaba, de nacionalidad venezolana, tuvieron que pedir protección a uno de los múltiples grupos bolivarianos, que se manejaban con coches e iban armados con metralletas. Delante de Miraflores esta gente les ofreció la posibilidad de entrar en el palacio, tras renunciar Carmona a tomar posesión como presidente al ver como parte de los oficiales de la guarnición palaciega se iban colocando la boina roja de los seguidores de Hugo Chávez. Dentro, las situaciones inverosímiles se sucedieron durante toda la noche por las estancias y pasadizos. Como ejemplo, el periodista lucense y el cámara acabaron tomando un refrigerio en el propio despacho de Hugo Chávez, que llegó por la mañana, unas horas después de su vicepresidente.