«Ya no evangelizamos, ayudamos»

La Voz

LUGO

CHRISTIAN CASARES LA ENTREVISTA José Luis Bandrés, misionero de los Padres Blancos en Etiopía durante 33 años En 1968, José Luis Bandrés hizo su propia revolución convirtiendose en misionero en Etiopía. Llegó en los últimos años del régimen del emperador Haile Selassie. Vivió el derrocamiento a manos del Consejo Revolucionario de un régimen de casi medio siglo y vivió el conflicto fronterizo con Eritrea en primera persona. Su experiencia es que el misionero evangelizador ya no existe, ahora, dice, sólo ayudan.

05 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Entre 1987 y 1991, la guerra aisló por completo la misión de José Luis Bandrés. Fue sólo una dificultad más en un país que en los últimos treinta años ha dejado un saldo de dos millones de muertos y un millón de desplazados por conflictos bélicos. -¿Cómo se enfrenta uno a la situación cuando llega por primera vez a un lugar así? -No es fácil. Yo tenía 30 años cuando me fui a Etiopía, a un lugar extraño, donde hay que vencer muchas desconfianzas, reticencias. Se requiere abrir bien los ojos y escuchar, comprender, ganarse la confianza de la gente, establecer contactos. Había una visión un tanto condicionada del misionero, como patrón. -¿Cuesta ganarse la confianza? -La realidad ha cambiado totalmente. Ahora ya no evangelizamos, ayudamos a la gente. Se trata de impulsar proyectos de formación. Como se suele decir, en lugar de regalar un pescado para que se lo coman es mejor darles una caña y enseñarles a pescar. En ese sentido, hemos creado una escuela donde formamos capataces agrícolas, y especialistas en comercio, donde tenemos los únicos ordenadores de toda la provincia. Una vez que los alumnos acaban su formación tenemos una línea de créditos blandos que les permiten comprar semillas para comenzar a explotar la tierra, o coprar una cabeza de ganado. -¿Qué opina de las ayudas gubernamentales? -Por mi experiencia, creo que las ayudas de gobierno a gobierno sólo son políticas y poco efectivas. Soy escéptico porque, sobre el terreno, ya sé donde se quedan.