CHRISTIAN CASARES AL PASO Entran en el Concello de Ribeira de Piquín y se llevan calderilla en euros, dejando las monedas nacionales que estaban al lado
04 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Mientras degustaban los caramelos con la gaviota del Partido Popular, guardaban los euros y despreciaban las pesetas, los ladrones encontraron las llaves del colegio en un cajón del Concello. No tuvieron más que cruzar la calle, meter la llave en la cerradura, girar, entrar y cerrar luego por dentro para que nadie los molestara. «Tiveron todo o tempo do mundo», explicó Anxo Vilabrille, director del colegio. Rebuscaron hasta encontrar los 250 euros recaudados con el calendario que elaboran en el centro. «Normalmente destínase a metade dos cartos a unha ONG e co resto facemos excursións para os rapaces. A ver o que pasa este ano». En un pueblo pequeño las noticias llegan rápidamente a oídos de todos los vecinos. También a los de los niños, que se encargan de adornar los hechos con su imaginación. Algunos afirmaban haber visto a los ladrones durante la noche del sábado al domingo. Otros creían que se habían llevado la fotocopiadora. De momento, para el carnaval ninguno se quiere disfrazar de ladrón. Los cacos que han puesto la excursión de los niños en peligro llegaron al pueblo a bordo de un Renault 5 que habían robado en Cervo. «Yo le había puesto dos mil pesetas, así que supongo que se quedarían sin gasolina», comentó Juan José Pardo, el dueño del coche, cuando iba de camino a recogerlo en Ribeira de Piquín, aliviado al conocer que el turismo no había sufrido mayores destrozos. En la plaza del pueblo, con una superficie suficiente para albergar todos los coches del lugar, los ladrones eligieron justamente el paso de cebra para abandonar el que habían robado unas horas antes. «Ata aparcaron onde está prohibido», comentaba una vecina que curioseaba alrededor del turismo, para añadir luego con cierta indiganación: «quen vai contra a lei, vai de todas todas. Polo menos puidérono deixar ben colocado». Segundo robo En el Concello ya estaban curados de espanto. Hace siete años, alguien entró por el mismo sitio que los ladrones de este fin de semana. «Aquí xa non deixabamos cartos nuca», explicó el alcalde, Fortunato Vidal. Ni siquiera se guardan las instancias para abonar tasas municipales, que se venden desde entonces en el bar del pueblo. «Despois liquidamos con eles. É máis cómodo para todos. Nós non deixamos cartos aquí, e o bar está aberto máis horas que o Concello para atender ó público», explicó un funcionario municipal. «O único que levaron de aquí foi unha bolsa de caramelos, dos de propaganda das eleccións. Conócese que traían fame», bromeó el regidor. De lo que no tenían ganas los ladrones era de hacer demasiados cálculos de conversión. Los euro-ladrones se llevaron la calderilla de las fotocopias. Pero sólo las monedas europeas. Las pesetas se quedaron donde estaban. Como decía el famoso eslogan. Ahora sí. Ya somos europeos.