Una invidente de Guitiriz se salvó de un incendio provocado en una de las chimeneas de su casa Concepción Uriz salvó ayer milagrosamente su vida tras originarse un incendio en la chimenea de la cocina económica de su casa en el barrio de Tumboliño, en Guitiriz. Su ceguera le impidió ver las llamas y el humo que se extendía por la vivienda, pero los fuertes estallidos del tubo de uralita que pudieron escucharse a un kilómetro de distancia, «e algo máis» le advirtieron de que algo extraño pasaba. Sus vecinos acudieron a auxiliarla y una llamada al servicio de teleasistencia agilizó la extinción del fuego.
28 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El joven guitiricense Jesús Míguel Río Vázquez escuchó a las 16.15 horas de ayer unas fuertes explosiones cuando trabajaba en un prado. Alertado por esta circunstancia, acudió hasta el lugar del suceso. Se trataba de una casa en el barrio de Tumboliño, en la parroquia de Pedrafita. Cuando llegó estaba en la puerta su propietaria, Concepción Uriz Gayoso, de 59 años, pidiendo auxilio a un vecino ausente. Antes, intentara telefonear sin éxito a algún conocido. Su desesperación aumentó el volumen de sus gritos que fueron escuchados por otros vecinos. Una de ellas, Donatila Vázquez Saavedra, madre de Jesús Miguel, y que realiza labores de limpieza en la casa afectada, tras llegar a la vivienda, y pese a la intensidad del humo, apagó el fuego de la cocina económica y logró pulsar el botón del servicio de teleasistencia. Éste permitió avisar a la policía local, a un funcionario y al Grupo Municipal de Intervención Rápida. Su inmediata participación en la extinción de las llamas permitió que no se propagasen por la vivienda construida, en gran parte, con madera. Concepción Uriz, que es ciega desde los tres años, vive sola desde que murió su hermano Angelito hace 17 años. En otras ocasiones, la cocina económica en la que se originó el fuego le había dado problemas «xa que a cheminea non tiraba ben, facía unha miguiña de fume que se extendía pola casa. Se chega a pasar pola noite, nin a conto». A diario, el humo le obligaba a abrir las ventanas y luego conseguía que la cocina funcionase perfectamente. En esta ocasión, el fuego alcanzó las astillas que había en el interior del tubo de uralita. Las llamas subieron hasta el tejado y provocaron el desplome de la parte superior de la chimenea.