La cultura vive en las afueras

REDACCIÓN LUGO

LUGO

ÓSCAR CELA

Varios colectivos lucenses reclaman un local social en el centro para conseguir una mayor asistencia de público a los actos Colectivos culturales y de carácter social no faltan en una ciudad que se abre al mundo con una muralla que es patrimonio de la humanidad. Programar actividades para distraer e instruir a los lucenses es uno de los fines a los que aspiran. Para muchos, la carencia de locales públicos en el centro de la ciudad es uno de los mayores obstáculos para atraer al público.

07 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La carencia de inmuebles de titularidad pública es, junto a la ubicación de los ya existentes, uno de los problemas que impiden a las asociaciones culturales y sociales desarrollar algunas de las actividades. La falta de un local social en el centro condiciona, según algunos de ellos, la vida cultural de la ciudad amurallada. Antón Sampaio, del Club Valle-Inclán, reconoce que el coletivo suele planificar las actividades en el salón de actos de Caixa Galicia o en el de la Sala Sargadelos: «Nin siquera nos plantexamos facelo noutros locais. Só intentamos axustarnos ós días e horarios que teñen libre». «Cando se inaugure o centro de Quiroga Ballesteros, creo que non teremos ningún problema para leva-la cultura ó centro da cidade. E iso é necesario porque a xente prefire asistir ós actos culturais no centro», explica. El Club Valle-Inclán también utiliza las instalaciones del auditorio Gustavo Freire para las sesiones de cineclub. También como miembro del grupo de teatro Achádego, Sampaio asegura que no rechazarían la oferta de un local por parte del Concello: «Iso permitirianos non ter que pagar un aluguer». Este tema también preocupa a los miembros de la asociación de cooperación A Cova da Terra. Clara Raposo cree que el principal problema es la falta de una especie de multiusos para exposiciones, conferencias y otros actos. La principal condición es «que esté céntrico. El de Fingoi y el de Frigsa están en los extremos». Cesiones desinteresadas Este colectivo reconoce que se valió del diálogo con responsables municipales para reclamar locales en el edificio de Quiroga Ballesteros. Desde la creación del colectivo, en 1995, sus responsables han utilizado su local social y otros cedidos desinteresadamente. A pesar de reclamar un inmueble en el corazón de la ciudad, Raposo reconoce que «para el uso que les damos, los que están en funcionamiento están bien dotados». Los más noveles en estas lides son los miembros de la asociación Alto Minho, que se presentaron en la ciudad el pasado día 25 inaugurando sede social propia. Su presidente, Florentino Pinheiro, reconoce las limitaciones de servicios públicos y asegura que «desde que nos dimos a coñecer, sempre brindamo-lo noso local a calquera colectivo da provincia para que puidera organizar todo tipo de actos».