Mantienen la condena por imprudencia al arquitecto del edificio del Gran Teatro

REDACCIÓN LUGO

LUGO

PRADERO

La Audiencia Provincial desestimó el recurso presentado tras la sentencia por la muerte de un trabajador

07 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La Audiencia Provincial confirmó la condena, de dos meses de multa y una indemnización de once millones de pesetas, a Alejandro Santos Fernández, uno de los arquitectos del edificio de viviendas del Gran Teatro. El Juzgado de Instrucción número 6 le había impuesto dicha pena como responsable de una falta de imprudencia, después de que muriese en las obras un trabajador que tenía el cometido de actuar como vigilante de seguridad. El empleado se cayó desde unos andamios que no tenían atornillados los laterales. Las obras en el solar del Gran Teatro, promovidas por Construcciones J. Díaz, comenzaron a finales de 1997. La promotora tenía estrecha relación con el estudio de arquitectura al que pertenecía Alejandro Javier Santos, que era el coordinador de la obra. El acusado, según consta en la sentencia, ordenó a Fortunato Folgueiras, el trabajador que murió en el suceso, que instalase un andamiaje en la parte exterior que da al callejón de la Diputación. De llevar a cabo la operación se ocuparon dos operarios que con anterioridad nunca habían colocado una estructura de la instalada en la obra. Ambos siguieron las instrucciones que les proporcionó el propio Folgueiras, quien se limitó a indicarles la necesidad de engarzar las plataformas entre sí, suspendiéndolas por medio de un cable. No les hizo ninguna advertencia sobre la necesidad de asegurar la barandilla exterior a la base con tornillos. Los peones desconocían la existencia de tal elemento de sujeción. Caída fatal Los trabajadores levantaron las plataformas por orden del encargado. Días después, el 23 de noviembre de 1998, Fortunato Folgueiras se subió al andamio colgante para divisar unos trabajadores que se encontraban en la planta superior. Estaba de espaldas y se apoyó a la barandilla pero, como no estaba sujeta, cedió y se desplomó al vacío desde una altura de unos tres metros. Como consecuencia de la caída sufrió heridas graves de las que falleció el 27 de noviembre. La causa de que cediese la barandilla, según dice la sentencia confirmada por la Audiencia Provincial, se debió a la ausencia de los tornillos.