La hostelería de Becerreá finalizó su momento más dulce

REDACCIÓN LUGO

LUGO

ÓSCAR CELA

Las obras de la A-6 llenaron los establecimientos La construcción de la autovía propició para la hostelería de Becerreá el mejor período de su historia, al menos en los últimos decenios, con otra etapa similar cuando construyeron el viaducto y el túnel de la N-VI, aunque no tan bueno. Ahora, aunque los trabajos continúan en el túnel de O Cereixal, el grueso de las obras finalizó con la entrada en servicio del último tramo y la mayoría de los obreros se marcharon. Sin embargo, el sector es consciente de que el contrapunto y auténtico «palo» llegará en unos meses, cuando quede eliminado el tráfico por la villa.

03 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

A pesar de que hay matizaciones derivadas de la ubicación o del tipo de clientela, en general, la hostelería de Becerreá acaba de pasar el mejor período de su historia. Durante bastantes meses, los obreros que trabajaron en la construcción de la autovía abarrotaron pensiones, hostales e incluso pisos en alquiler. Ahora, los que quedan en el túnel de O Cereixal ya son pocos. Jesús López señala abiertamente que desde el comienzo del tramo de la A-6 las treinta habitaciones de su hostal, el Rivera, estuvieron a tope, lo mismo que el comedor, pese a lo cual matiza que hubo alguna etapa mejor. Lleva 22 años al frente del establecimiento y desde hace 30 tiene restaurante, que antes de la ampliación también disponía de una docena de camas. Desde la inauguración del último tramo, se quedó prácticamente sin obreros, pero ya están pensando en el día que abran el túnel de O Cereixal y el tráfico por la villa se limite a los coches de la comarca y poco más. Aunque no se planteó lo que hará, es consciente de que ya no habrá trabajo para todos los miembros de la familia y para los tres empleados actuales. Al restaurante Siglo, de Efrén Picos, acudían diariamente cerca de quince obreros a comer, de los que ahora le quedan dos o tres. A pesar de que entre su clientela tradicional hay mucha gente de la zona que acude a la villa, al estar en la carretera general a la salida, también son frecuentes los de paso. Todavía no se planteó si en el futuro podrá tener empleados, pero asegura que «será duro». Ramón Núñez es algo menos pesimista que la mayoría de sus colegas, porque el Eslavín tiene un importante porcentaje de clientes de la zona o emigrantes, de ahí que las épocas de mayor ocupación de su hostal son en verano, navidades y Semana Santa. Pese a ello, tuvo quince obreros parando y ahora le quedan una media de diez, de los que trabajan en el túnel, si bien son gente que viene a funciones muy concretas, por lo que su estancia es más corta.