Cribado en O Incio: «A ver qué da, estoy temblando»

La localidad lucense contiene el aliento a la espera de los resultados del cribado masivo


A Cruz do Incio / La Voz

Decenas de vecinos de O Incio participaron este martes en el rastreo masivo organizado por la Consellería de Sanidade para detectar casos asintomáticos de coronavirus en este municipio. El cribado pretende servir para reducir el riesgo de que el brote que empezó a mediados de agosto en la residencia local de mayores se extienda entre el vecindario. El municipio contiene el aliento con la esperanza de que den negativas todas las pruebas, o al menos casi todas.

Las autoridades sanitarias no han aplicado ninguna restricción especial en O Incio, pero la edad media de la población local es elevada y la preocupación resulta evidente. Casi todos han restringido sus salidas fuera de casa a lo estrictamente imprescindible. «Se aparecen poucos positivos, iso vai axudar a recuperar pronto a actividade normal», explicaba este martes el alcalde, Héctor Corujo, a las puertas del Ayuntamiento. Dentro había empezado la toma de muestras para este cribado.

Sanidade había citado por teléfono el día anterior a alrededor de doscientos vecinos del municipio. El cribado se centra sobre todo en A Cruz do Incio, la localidad en la que están el Ayuntamiento, los demás servicios y casi todas las tiendas y bares del municipio, y también el lugar más cercano a la residencia ahora confinada.

El alcalde, Héctor Corujo atendió a los medios de comunicación en la plaza del Ayuntamiento
El alcalde, Héctor Corujo atendió a los medios de comunicación en la plaza del Ayuntamiento

El brote en la residencia avanzó de forma galopante e imparable desde que el día 17 se detectó el primer caso y ya se han contagiado 123 de las cerca de 170 personas que vivían o trabajaban en la residencia. Han muerto siete de ellos, todos internos del centro con edades comprendidas entre los 68 y los 93 años. Solo hay constancia de unos pocos casos contados de contagio fuera de este centro asistencial, pero son personas cercanas a trabajadores de la residencia. Si hay más lo dirá el cribado, pero por ahora son asintomáticos.

A las puertas del Ayuntamiento, el alcalde reconocía que en el municipio hay mucha preocupación y, en algunos casos, «tamén medo». La vida normal en O Incio no se ha detenido, pero va al ralentí. Todavía es verano, pero hacía más de dos semanas que no se veía tanta actividad en A Cruz do Incio como la de este martes. Desde primera hora de la mañana, familias enteras esperaban en la plaza del Ayuntamiento a que los fuesen llamando para hacerse las pruebas. De tomar las muestras se encargó personal sanitario embozado de la cabeza a los pies con monos blancos y viseras protectoras.

Marinela Taneva volvió a abrir este martes su bar por primera vez desde que empezó el brote
Marinela Taneva volvió a abrir este martes su bar por primera vez desde que empezó el brote

A cincuenta metros de todo ese revuelo, Marinela Taneva volvía a abrir el bar Togu casi un mes después. Algunos vecinos la criticaron cuando a principios de agosto decidió viajar a Bulgaria para arreglar unos papeles. Le decían que para qué viajar en estos tiempos, que era mucho riesgo y podía volver contagiada de coronavirus. Volvió a O Incio el día 18 y ya solo pudo abrir su bar unas horas. Se acababa de saber que había entrado el virus en la residencia y que había decenas de mayores contagiados. En Bulgaria el coronavirus está mucho menos extendido que aquí y obviamente lo de la residencia no tenía nada que ver con ella, pero aún así ella se hizo pruebas en una clínica privada para descartar que tuviera covid-19. A pesar de que dieron negativo, ella optó por mantener el bar cerrado. No merecía la pena correr ningún riesgo porque además apenas había clientes, casi nadie salía a la calle.

Marinela Taneva era una de las vecinas que este martes fue a hacerse la prueba. En cuanto le tomaron las muestras, abrió el bar. Tras la barra y mientras atendía a clientes que en su mayor parte también acababan de hacerse la prueba, reconocía estar intranquila. «A ver que da la prueba -decía-, estoy temblando de nervios».

No es la única. Poco después que ella entraba a hacerse las pruebas Rafael Souto, trabajador municipal de 48 años. Él ve mucha preocupación entre la gente. «O Incio vese deserto, moitos non saen máis que polo pan, á farmacia e pouco máis», asegura. «Aquí hay moita xente maior», añade.

El personal sanitario iba llamando a los citados desde la puerta del Ayuntamiento
El personal sanitario iba llamando a los citados desde la puerta del Ayuntamiento

A Alberto Fernández, otro de los vecinos citados por el Sergas, no le parece que sea un problema de edad. Él y su hijo estaban tranquilos mientras esperaban a que les tocase, pero también ven mucha preocupación entre el vecindario. Alberto Fernández tiene 49 años y es autónomo, y confiesa que a él personalmente lo que más le preocupa no es lo que le pueda hacer la enfermedad si se contagia. «O medo que eu teño non é pola saúde -asegura-, é por non poder traballar».

La realización de este tipo de pruebas no es obligatoria, pero parece que pocos de los que recibieron la llamada del Sergas se negaron a ir. Había quien dudaba por aquello de no exponerse al contagio, sobre todo entre la gente mayor. Algunos consultaron con sus médicos, que les recomendaron que fuesen a hacerse la prueba. Entre quienes esperaban ayer frente al Ayuntamiento a que les tocase el turno no parecía haber dudas. Jose Luis Vizcaíno, de 62 años, era de los que lo tenían más claro. «Isto é necesario, porque se hai alguén infectado pode non se saber», afirmaba.

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