Lo que no me dio tiempo a decirte


Creo que aún no soy muy consciente de lo que ha pasado. No creo que ya no estés, que te hayas ido. No me puedo llegar a creer que la última vez que te vi, hubiese sido con mascarilla y a distancia. Sigo sin creerme que no va a haber una última vez que me digas que yo soy tu princesa, Vero tu niña bonita y Paula y Marta tus princesitas. No soy capaz de imaginarme un verano sin esas cálidas noches donde nos repetías una y otra vez las mismas historias, esas tardes de sobremesa en donde nos contabas a tus nietos e hijos cómo puede llegar a ser la vida. Tampoco me creo que no vaya a volver a ver como le haces carantoñas a Xabi, para que se ría, como hiciste siempre con todos nosotros, tus nietos. Me cuesta creer que no vas a volver al barco, con todo lo que te apasionaba y, volver a decir, que fue una «muy buena compra». No soy capaz de comprender que no vamos a tener una última comida familiar, en la que estemos los dieciséis más los perritos de Xabi. No me creo que no te vaya a volver a oír llamar a mi madre «Evita» ni que nunca más nos digas a Edu y a mí la suerte que tenemos de tener una madre como ella. Tampoco que no vuelva a oírte como me decías, después de una charla, «ya verás Elsita, cuando vayas creciendo me darás la razón». Pero la realidad es que es cierto. Se me quedaron muchas cosas por decirte, me hubiese gustado que supieras que he sacado un nueve en filosofía, porque aunque parezca una tontería, todas las clases que tengo en filosofía y me gustan, me recuerdan a ti. Se que no hay frase de filósofo que estudio, que tu no sepas.

Me hubiese gustado ir a Monforte contigo. Sé que te hacía mucha ilusión llevarnos, siempre has tenido muy claro cuáles son tus raíces y querías enseñarnos todo. Ojalá haber ido y haberte escuchado durante mucho mucho tiempo por todo lo que tuviste que pasar. Fuiste un claro ejemplo de esfuerzo, superación y fuerza, supongo que eso último se lo pasaste tú en los genes a mami.

Me hubiese gustado ir a todos los restaurantes posibles, siendo ya mayor de edad, para que me enseñases las diferencias de cada vino. Me hubiese gustado que me contases más veces la vocación que tenías por ser médico y tu gran interés por la medicina. Aunque tú no lo pudiste cumplir, tu espíritu médico se vio reflejado en tío Tato, tío Nacho y tía Ana. Me hubiese gustado pasear un día de Navidad por Sanxenxo, para que, al llegar a la zona del puerto, nos volvieses a contar la historia de cuando le cogiste una gaviota a Edu, el nieto mayor. Hasta me hubiese gustado escuchar como discutíais Tata y tú por cualquier tontería. Se os pasaba a los cinco minutos, y tú no tardabas nada en restarle importancia y bromear con ello. Me hubiese gustado seguir escuchándote, porque todo lo que decías tenía un sentido y una lógica. Sin duda alguna, eres una de las personas más inteligentes que he conocido en mi vida. Eres grande abuelo, Pepe, como queríamos que te llamásemos. Te admiro. Todo lo que conseguiste a lo largo de tu vida, lo ganaste a pulso. Y eso es con lo que me quedo, con la manera en la que nos querías y en todo lo que he podido aprender contigo al lado. No me voy a olvidar nunca de una última llamada en la que me dijiste «Elsiña, al fin y al cabo yo ya he vivido mucho, ahora toca que seáis vosotros quienes aprovechéis la vida y disfrutéis, porque aunque puede ser dura, es maravillosa». Me quedo con eso, y con mucho más. Tampoco me dio tiempo a decirte lo mucho que te quiero. Cuídame, por favor, desde donde estés,

Gracias.

Elsa Estévez Vázquez (una de tus nietas).

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