Un libro de finales del XIX , ahora reeditado, recoge la primera referencia escrita sobre la monumental construcción vitícola descubierta en Monforte
08 jun 2014 . Actualizado a las 07:10 h.No es un documento que permita resolver las incógnitas sobre el origen y antigüedad de la bodega centenaria descubierta en Monforte. Pero es la primera mención escrita conocida sobre esta construcción monumental, casi con toda seguridad vinculada al clero o a la nobleza, que algunos expertos datan en el siglo XVI o incluso en una etapa anterior. El libro Monforte, sus monumentos, leyendas y tradiciones, del abogado y político monfortino Ricardo Rodríguez Vilariño de Barbeito, escrito en el año 1.896 y recientemente reeditado por Agrasar Editores, sitúa entre sus paredes, en las entrañas del monte de Piñeira, un peculiar episodio que al parecer aconteció a finales del siglo XVIII o principios del XIX.
Uno de los capítulos del libro, titulado El duende del castillo, hace referencia explícita la «bodega del monte de Piñeira». La alusión a una fortaleza podría tener que ver con los muros cuyos restos todavía se aprecian en un lateral de las viviendas tras las que se oculta la cavidad. «No es nada descabellado que ese lugar se asociase a una fortaleza. Tuvo que haber algo más de lo que se ve ahora. A la izquierda de la bodega se ve un muro de una construcción de cierta envergadura, que no se corresponde con una casa normal», explica el arquitecto Francisco Cela, una de los especialistas que se interesaron por la construcción descubierta en Piñeira.
Realidad y fantasía
«Está claro que allí no pudo haber un castillo. Difícilmente podían construir un bastión defensivo a media ladera y orientado al norte. Pero el grosor de los muros exteriores y los respiraderos de la bodega -que pudo haber sido confundida con unos calabozos- posiblemente dieron rienda suelta en algún momento a la imaginación popular», opina el técnico monfortino.
El duende del castillo narra el percance sufrido por un vecino que, según parece, no se dejó impresionar por las tenebrosas historias que se asociaban a ese lugar. Su curiosidad, cuenta la leyenda, hizo que se precipitase al interior de la bodega por el hueco de un respiradero de la bóveda, cuya salida se encuentra situada en una especie de explanada a media ladera del monte de Piñeira. En un primer momento, los gritos que profería desde el interior de la gruta alejaban a los vecinos, temerosos de que estuviera ocupada por algún «alma en pena». «Se oían [...] lamentos penetrantes de auxilio, gritos lúgubres que llenaban de pavor a todo el pueblo; nadie en atención a un muy acrecentado temor se atrevía a penetrar en aquel sitio, hasta hace poco tiempo albergue de mochuelos, búhos, culebras, lagartijas y de toda clase de aves y reptiles más o menos asquerosos», relata el autor.
De la historia recopilada por Ricardo Rodríguez Vilariño se desprende que el entorno de la bodega llevaba largo tiempo abandonado y que el acceso al lugar no era sencillo. «No había ningún osado espíritu que se atreviese a penetrar en aquel recinto, por estar todo él invadido de malezas, zarzamoras y otra porción de plantas que habían crecido en sus olvidadas escaleras y que hacían que el castillo fuese tan inexpugnable como lo había sido en tiempos de barbarie», detalla el autor.
Duende en vida
La desaparición durante aquellos días de «un sujeto tenido por todos como travieso y descreído», hizo pensar al vecindario que quizás los incesantes gritos que salían de la cavidad no tenían origen sobrenatural. No sin verificar antes de viva voz la identidad del cautivo, no fuese a ser algún espíritu, un voluntario se decidió a rescatarlo descolgándose a través de uno de los respiraderos de la bodega, situados a unos seis metros de altura. «Se buscaron unas cuerdas, se ató a ellas el héroe y una vez en el suelo del castillo, hizo la misma operación con el extenuado aparecido convertido en duende en vida». Ya liberado, prosigue el relato de Ricardo Rodríguez Vilariño, atestiguó que en la cavidad en la que había caído «hay seis o siete caminos o minas que deben conducir a distintos parajes».
La historia narra la caída de un vecino al interior de la cueva desde un respiradero
Los muros que aún se conservan en la ladera se asociaron a una antigua fortaleza