Lidia López tenía seis años cuando estalló la guerra civil y no se instaló en su actual casa de Outeiro hasta mucho tiempo más tarde. Pero sabe que en esa vivienda se ocultaron durante aquellos años negros dos hermanos que habían desertado del ejército franquista durante la contienda. Emilio y Pepe pasaron la guerra escondidos en el barrio, unas veces en la casa de sus padres, la que ahora ocupa Lidia, y otras en otras cercanas. Huían del horror del frente. Su columna combatía contra los republicanos en Asturias y decidió desertar el día que por poco mata a uno de sus oficiales. «Emilio contaba que o capitán era un home sanguinario. Un día viuno matar a uns pequenos e non puido evitar irse contra el co fusil. Agarrárono uns compañeiros». A la primera ocasión que se le presentó, desertó. Emilio tenía un escondite bajo el lavadero de una casa de Outeiro. No se atrevió a entregarse hasta dieciocho años después. Murió en Monforte el año pasado. «Era unha persoa extraordinaria», recuerda Lidia.