Aquel viejo mueble sobre el que se amontonaban cajas en el garaje o el trastero se convierte en la última moda
25 jul 2007 . Actualizado a las 02:00 h.monforte | Con el avance de las tecnologías, en este mundo globalizado, crece también la nostalgia y la necesidad de que la propia memoria prevalezca. La restauración de muebles antiguos es una práctica que desde hace años atrae a numerosas personas. Una generación ansiosa de traer al presente aquel viejo armario de su bisabuela, un chinero olvidado, sillas antiguas tiradas en su palleiro y todo tipo de mobiliario que se acumula en muchas aldeas de esta comarca. En Monforte se conservan una gran cantidad de piezas de maderas incluso en peligro de extinción en la actualidad, construidas a mano por carpinteros o los mismos propietarios a finales del siglo XIX o principios del XX. Hoy, sus herederos acuden a la restauración conscientes del valor de estos muebles, económico, histórico y sentimental. Ubaldo González se dedica a la restauración desde hace tres años y asegura que las piezas de castaño, tejo o roble que pasan por sus manos se mantienen en un estado impensable para muebles fabricados hoy dentro de veinte años. La calidad es incomparable. Una pieza de cien años de antigüedad debe pasar por un proceso de restauración de hasta 20 días, explica el artesano. La limpieza de la madera es lo primero. Con lana de acero se eliminan los restos de cera, el acabado habitual. Después se eliminan posibles manchas con agua y amoniaco. Si al mueble le falta alguna pieza imprescindible, como una pata o una moldura, el restaurador la fabrica o encarga a un taller de carpintería. Aunque lo realmente interesante es que el mueble se vea viejo, mantenga su atmósfera de haber vivido en un tiempo pasado, o así es preferible para Ubaldo González. Después de darles un tinte con nogalina, un producto natural, el restaurador suele acabar las piezas con cera de restauración, la más adecuada para muebles antiguos por el brillo natural que se consigue. Este artesano que dedica unas ocho horas diarias a su profesión siente lo infravalorado que está este trabajo, sobre todo en el momento de hablar de presupuestos. Se trata de una labor manual que revaloriza lo que para el cliente era casi parte de la basura en un armario restaurado de finales del siglo XIX de unos 400 euros tras su recuperación. Sin embargo, habla de la satisfacción y pérdida de la noción del tiempo que es para Ubaldo González este trabajo. «Es interesante y curioso, Te traen un baúl antiguo en el que descubres al abrirlo un periódico de 1900 u otros objetos». Una forma de rodearse de historia y de historias que atrae a cada vez más personas.