EDUARDO CHAMORRO LA PENÍNSULA
17 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Lluvias como las de esta temporada no sólo afectan a lo que se advierte de un modo acostumbrado, como son sus efectos en la patata y la uva o los tinglados que origina la lluvia de larga secuencia en el cerebro del ser humano. La lluvia ejerce influencias de lento desarrollo, cuya índole dibuja novedades. Sus efectos geográficos, sin ir más lejos. Las riberas del Cabe, por ejemplo, aparecen desventradas en franjas de casi metro y medio de ancho a la altura del Camiño da Barxa en Monforte. Poco más abajo, en el centro de la ciudad templaria y bien a la vista de su puente medieval, el río ha acumulado en su cauce un túmulo arenoso -quizá un tómbolo, si así puede decirse- realmente notable, que con unos días de sol se verá perfectamente adornado de la botánica habitual en esos asuntos. Así cambian las cosas. Así va el río de un cauce a otro, y el meandro a otro meandro, y brotan islas donde no las había, y la geografía demuestra que está viva y forma parte de las cosas que no hay que dar por muy sentadas. Como las cosas que tienen que ver con las hormigas. La hormiga es un bicho inagotable. Su imagen pública es un poco aburrida y, sin embargo, sorprende en ocasiones, como es lógico en un animal que suele ser objeto de comparación con el hombre, bien por el instinto social de ambas especies, bien por la dimensión infinitesimal de casi todo lo humano, considerado a la debida escala. Revueltas Cualquier observador de hormigas se habrá fijado estos días en lo revueltas que andan. Se las ve donde antes no osaban. Corretean en una y otra dirección, buscan y parece que no saben lo que buscan, se agrupan súbitamente y, un instante después, se disgregan. Se meten donde nadie las llama. Y el gasto en insecticidas domésticos crece sin hacerse muy rentable, porque la hormiga es terca. Y tiene una leche de hormiga. Y todo se debe a que estas lluvias tan pertinaces han dejado manga por hombro los hogares asentados de la hormiga. Han desmoronado hormigueros y se han llevado nadie sabe dónde los enseres del himenóptero, que ahora busca un nuevo asentamiento. La hormiga busca nueva residencia estable, y está dispuesta a encontrarlo. Aunque los insectos son gente muy hecha a casi todo tipo de cataclismos. Los científicos que saben de esto aseguran la tremenda capacidad del insecto para salir indemne de situaciones donde el género humano podría dar por seguro su exterminio. Así, se dice de las cucarachas que soportarían como si tal cosa un holocausto nuclear. Semejante peripecia proporcionaría mucho espacio para el hogar del insecto. Si bien no está claro qué es peor: ponerse a buscar casa o afrontar al intruso que husmea en el hogar de uno. Anda que no estaba tranquilo el escarabajo Galaicodytes caurelensis en su gruta de O Courel, pensando, como si fuera ayer, en el clima y la fauna y la flora de aquella Galicia del Terciario que se fue a América en geológica profecía de otras emigraciones. Ahí estaba el escarabajo, esperando a su novia. Y ahora le van a acordonar la gruta. Seguro que la novia pone el grito en el cielo. Se lo reprochará todo.