El equipo vigués arrastra media docena de lesionados; el último, Cerillo
29 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.En el Octavio casi ni se lo creen. Ni en el peor de los escenarios los académicos se imaginaban un inicio de temporada tan duro. Y no por los resultados, que están acompañando en la medida de lo posible, sino por las numerosas bajas que acumulan. Una plaga de lesiones está poniendo a prueba al equipo, que a pesar de que semana tras semana las dificultades se incrementan, no deja de competir y mantiene el tipo.
El último en unirse a la desagradable lista de lesionados fue Cerillo, que ayer por la noche se sometía a una resonancia para averiguar el alcance de su lesión. Un mal gesto en el partido frente a Antequera se saldó con su salida de la pista en medio de sensaciones poco halagüeñas. Su rodilla derecha, de la que rompió ligamentos en 2011, no salió bien parada de un apoyo, y la preocupación es máxima.
La baja de Cerillo es la última de una lista que incluye media docena de nombres y todo tipo de lesiones. Arkaitz Vargas lleva semanas con una rotura de fibras que no acaba de curarse, y Fran González está a la espera de reincorporarse al equipo tras estar de baja desde la segunda jornada. En el primer partido de Liga se llevó un golpe que no curó suficientemente bien, y que se tradujo en el segundo partido en una rotura de fibras que todavía no está soldada al cien por cien. De hecho, el jugador empezó a trabajar la semana pasada, pero tuvo que pararse de nuevo a causa de sobrecargas.
Y una sobrecarga en el pubis y en la parte alta del abductor es lo que sufre Manu Martínez, otra de las bajas del equipo de Quique Domínguez. «Uno siempre sabe que puede haber bajas a lo largo de la temporada, pero no nos esperábamos nada como esto», reconoce el entrenador.
Una fascitis plantar mantiene a Javito al margen del parqué, mientras que Pablo Chantada debe esperar a que la fractura de su mano derecha se suelde. La nómina de lesionados es un obstáculo mayúsculo, pero ni así da su brazo a torcer el conjunto vigués. «A pesar de todo lo que estamos viviendo estoy más que encantado con el rendimiento del equipo, con su lucha», sostiene Domínguez, que ha tenido que echar mano de jugadores juveniles para tirar para adelante.
Las ausencias complican el rendimiento en los entrenamientos, y obligan a los jugadores a asumir más minutos durante los partidos. Todo está cuesta arriba, pero el Octavio no baja los brazos.